El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se saluda con el presidente Álvaro Uribe, durante la reunión de países cafeteros. (LA PRENSA/Reuters)

El dilema del café

En reunión de países cafeteros, los presidentes de Colombia y Brasil arremeten contra países importadores Naciones pobres como Nicaragua continúan produciendo el café, pero las jugosas ganancias quedan en manos de transnacionales Arturo Menéndez VallserraEFE/EL TIEMPO CARTAGENA.- El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, hizo ayer un enérgico llamado a industriales del café para buscar un […]

  • En reunión de países cafeteros, los presidentes de Colombia y Brasil arremeten contra países importadores
  • Naciones pobres como Nicaragua
    continúan produciendo el café,
    pero las jugosas ganancias quedan en manos de transnacionales

Arturo Menéndez VallserraEFE/EL TIEMPO

CARTAGENA.- El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, hizo ayer un enérgico llamado a industriales del café para buscar un pacto con productores, al instalar la reunión de la Organización Internacional del Café (OIC) en Cartagena. La idea del pacto es permitir precios más equitativos en el mercado del grano, según Uribe.

En tanto, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, denunció que la crisis cafetera se debe a las empresas que monopolizan mercado y también culpó a los altos aranceles impuestos al grano procesado por parte de los países consumidores.

“Es importante que los productores de café tengan una idea clara que los gobiernos de estos países no van a resolver la situación que se presenta”, dijo Lula.

En medio de la incertidumbre por el fracaso de la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún, México, productores y consumidores de café intentan desde ayer acordar mecanismos que hagan más equitativa la distribución de beneficios que crea la infusión más consumida en el mundo.

Los jefes de Estado de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva; de Honduras, Ricardo Maduro; y de Colombia, Álvaro Uribe, participaron ayer en el puerto caribeño de Cartagena de Indias, en las deliberaciones de la asamblea anual de la Organización Internacional del Café (OIC), sobre relaciones comerciales internacionales a la luz de los hechos recientes y no tan recientes, que afectan adversamente a los países subdesarrollados.

Lo hicieron sobre la base de las aspiraciones de sus países y de la comunidad mundial de productores de café, unos 125 millones de campesinos, agobiados desde hace cuatro años por los precios ruinosos que les reconoce el mercado mundial, pero que, al mismo tiempo, resultan altamente rentables para las multinacionales que lo comercian en las naciones consumidoras.

El café, el segundo producto que más se comercia internacionalmente después del petróleo, enfrenta una dura y desigual competencia frente a otras bebidas y no cuenta, como la producción agrícola de naciones desarrolladas, de apoyos estatales, que con ahínco defienden los mayores consumidores en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

PAÍSES POBRES COMO NICARAGUA PRODUCEN EL CAFÉ

El cultivo de café, producido al cien por ciento en la zona tropical del mundo, se concentra en 45 países, 19 de ellos considerados internacionalmente como los más pobres del planeta.

Los tres mandatarios —Maduro habló a nombre de las naciones centroamericanas— representaron directamente el 52 por ciento de la producción mundial del grano, encabezados por Brasil, seguido por Colombia.

Si bien la posibilidad de restablecer un acuerdo de cuotas y precios como el que existió hasta 1989 es nula, los países productores, afectados por su propia oferta excedente intentan, con el concurso de los países importadores del grano, mejorar su ingreso mediante propuestas de mercado.

Son las únicas posibles en países con las arcas fiscales exhaustas, que no pueden, ni de lejos, subsidiar, como las naciones ricas, a sus cultivadores.

De una parte, ofreciendo al mercado mundial una mejor calidad del producto, lo que supone la eliminación de las exportaciones de millones de sacos, con cargo a sus propios costos; y de otra, hacer frente a la competencia de otras bebidas mientras el precio al consumidor lo fijan las multinacionales.

Finalmente, además, habrá que hacer frente a la tarea de desmitificar el posible efecto nocivo de la cafeína, que también contienen otras bebidas populares, incluidas las llamadas “energizantes” y las “colas” y resaltar los beneficios que producen para la salud y frente a algunas enfermedades las sustancias del café.

BAJOS INGRESOS

Tanto para Brasil como para Colombia el ingreso por las exportaciones de café es hoy una baja proporción del total de los mismos, menos de un 10 por ciento.

Pero para muchas naciones africanas y asiáticas, víctimas del colonialismo en el siglo pasado, son acaso su principal fuente de recursos.

Por ello, aunque para algunos países la dependencia de los ingresos cafeteros no es hoy tan relevante, para todos su cultivo es fuente de empleo, de bienestar rural, de estabilidad social.

La creciente desigualdad en la distribución del ingreso del negocio cafetero se evidencia en el hecho de que, hace dos décadas, de cada dólar que recibían los productores, el resto de la cadena obtenía 2.44 dólares.

Hoy, por el mismo dólar que llega a manos del cultivador, en las de los demás —principalmente en las de las multinacionales y en el fisco de países desarrollados— quedan algo más de diez.

Y todo eso sin que se beneficie el consumidor final, que recibe menos calidad, por cuenta de las mezclas cuya composición desconoce, y por las que debe pagar más.

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