Róger García-Marenco
Sin tratar de pontificar, abogado viene de la raíz “boga”, de la que conozco dos acepciones: “bogar” o navegar remando y, en “boga,” o tendencia popular. A esas le podemos agregar una tercera: “abogar” o defender, intelectualmente, una posición.
Tradicionalmente suponemos que el “abogado” aboga por la justicia. Pero si abogar es defender una posición, este concepto tiene multitud de interpretaciones, siendo la más común la de que los abogados defienden su personal y económica posición, no necesariamente la de su cliente. De manera que llego a la conclusión de que la justicia está huérfana de padre y madre, no hay quién la defienda en las cortes y por tanto debe de ser defendida en la calle, en el lugar de los hechos, como ha sido siempre a lo largo de la historia.
Si la Iglesia alega que la vida es sagrada y sólo Dios la puede tomar o comer, entonces, que conmine a cumplir esa promesa, que practique lo que predica y se encargue de eliminar delincuentes antes de exponer a gente decente en la disyuntiva de retarlo haciendo uso de su derecho a la justicia.