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En el plano de lo ideal, la mujer debería embarazarse entre los 25 y 35 años. Para los hombres es mejor engendrar
entre los 25 y 45 años. Pero en el plano de la realidad, en Nicaragua, la mayor parte de los bebés que nacen anualmente,
tienen madres adolescentes. El día que Ruth Larios supo que estaba embarazada, sintió que el mundo se le venía encima. “Estaba muy asustada, no sabía qué hacer, yo quería salir adelante, estudiar, y ya nada de eso iba a poder hacer”, recuerda ahora, con 16 años y una niña de siete meses.
La directora de su colegio le permitió culminar sus estudios de cuarto año de secundaria, pero dejó de estudiar para trabajar cuidando casas. “Varias personas me volvían a ver mal, me sentía toda rara. Se siente feo”, dice.
Además, sus pechos no estaban preparados para amamantar, los canales no estaban bien abiertos, la leche se acumuló provocando un absceso y debieron operarla, sin contar la complicación a la hora del parto cuando hubo necesidad de ponerle oxígeno.
Ahora, Ruth no se arrepiente de tener a su hija. “Verla crecer, reír, que le van saliendo sus dientes… se siente bonito”, dice, pero considera que lo mejor era esperar porque “hubiera aprovechado muchas cosas”.
Es que, aunque la vida fértil de la mujer se encuentra entre los 12 y 40 años, no todas las edades son ideales para tener un hijo. Las condiciones biológicas, físicas, sicológicas, sociales y económicas, deben ser tomadas en cuenta para elegir el mejor momento.
El doctor Francisco Rodríguez, ginecólogo y obstetra, explica que la mujer alcanza la madurez plena y completa para poder embarazarse, a partir de los 18 años, sin embargo, “es una cuestión exclusivamente biológica porque a esto tenemos que combinar condiciones sociales, económicas y educacionales”.
Indica que desde el punto de vista perinatal, lo ideal es que la mujer se embarace entre los 25 y 35 años. “En esta época la mujer tiene maduro su sistema y su mente, que es muy importante en la claridad de lo que quiere, sabe la responsabilidad de traer a un bebé y tiene un soporte económico y de educación para que el bebé venga en una buena situación”, considera.
“En este período a los médicos se nos hace más fácil que acuda a los controles prenatales con responsabilidad y sin faltar, y en su solvencia económica ella puede hacerse algunos exámenes de laboratorio especiales”, continúa.
Añade que en esta etapa es la florescencia de la mujer, “biológicamente está en el punto perfecto para que su organismo responda a cualquier problema médico que pueda presentar”.
El sociólogo Melvin Sotelo, considera que “hablar de una edad ideal para tener hijos, es un país de incertidumbre, es difícil”. Tener un hijo supone una responsabilidad muy grande y cuando se habla de edad ideal sería tener toda las condiciones ideales para ello”, dice.
Indica que tener un hijo no es sólo proveerlo de condiciones básicas sino estar preparados emocionalmente para hacerle un espacio afectivo al bebé.
“Es importante que la mujer haya desarrollado madurez en términos emocionales, e independencia y cierta estabilidad en términos económicos”, explica.
EL MEJOR MOMENTO
Mayela Rodríguez, una joven profesional de 31 años y siete meses de embarazo de su primer hijo, cuenta que nunca consideró la maternidad “como un proyecto independiente, sino como un proyecto de vida que se comparte con la pareja, un compromiso de por vida, que supera las decisiones de la misma pareja, porque aunque el matrimonio o la unión termine, la relación padre-hijo-madre trasciende”.
Añade que postergó la maternidad “porque necesitaba desarrollarme como persona y como mujer, y luego encontrar el equilibrio emocional necesario para embarcarme en la maternidad”.
Indica que no ha presentado problemas, ni siquiera los famosos achaques, y considera la maternidad como una de las decisiones más importantes que ha tomado en su vida.
CONSECUENCIAS MÉDICAS Y SOCIALES
Desde el punto de vista médico, embarazarse antes o después de la edad que el doctor Francisco Rodríguez considera como la ideal, conlleva problemas y riesgos.
Las adolescentes tienden a no guardar reposo porque son de mucha actividad, no entienden la responsabilidad del sexo, fácilmente contraen enfermedades de transmisión sexual y todo ello afecta el embarazo, indica.
Tanto en las adolescentes, como en las mujeres mayores de 35 años, hay mayor incidencia de los problemas de cromosomopatías, que son enfermedades de cromosomas, que provocan síndrome de Down, entre otras anomalías.
“En las jovencitas existe inmadurez de los óvulos para la procreación adecuada y completa, no hay una transmisión completa; y en el otro extremo (mujeres de edad avanzada) porque los óvulos son muy viejos, más lentos, transmiten menos la codificación genética adecuada.
Socialmente también son afectadas. El sociólogo Melvin Sotelo, señala que nuestra sociedad sanciona a la mujer y no al hombre, por lo que en muchos casos, la adolescente que se embaraza es expulsada de su colegio, las amistades las discriminan, la responsabilidad se le achaca sólo a ella, y el algunos casos el varón puede difamar a la joven diciendo que el hijo no es de él.
Asimismo, “su proceso normal de desarrollo se ve frustrado. Tener un hijo significa privarse de actividades propias de la adolescencia y asumir una responsabilidad para la que no están preparadas… A nivel familiar es conflictivo y en muchos casos hay rechazos”.
“Asumir responsabilidades las saca de las probabilidades de prepararse para entrar al mercado laboral. Eso lleva a que las oportunidades también se reduzcan y pasan a engrosar las estadísticas de la pobreza en este país”, lamenta.
En el caso de las mujeres mayores de 35 años, el embarazo suele complicarse porque presentan más problemas de sedentarismo, hipertensión, diabetes, obesidad, problemas de vesícula.
Asimismo, están expuestas a tener problemas de cromosomas porque la lentitud de los óvulos produce una falta de acoplamiento óvulo – espermatozoide. “Numéricamente los cromosomas no encajan, no hacen buena química”. Esta anomalía produce muchas enfermedades entre las cuales, el síndrome de Down es la menos nociva, asegura.
“En esta etapa es doloroso (un problema de este tipo), debido a que las mujeres han postergado la maternidad porque quieren comprar su casa, su carro, etc., y cuando quieren embarazarse, las topan los 35 años y ahí es donde se encuentran varias de estas enfermedades”, comenta el doctor Rodríguez.
ESTUDIOS SON COSTOSOS
El especialista asegura que es indicativo y obligatorio en toda mujer mayor de 40 años, realizarse diagnósticos para descartar este tipo de problemas.
Sin embargo, los diagnósticos y pesquisas que se realizan se ofrecen únicamente en los servicios privados ya que son muy costosos.
“Uno de los métodos es sacar líquido amniótico del útero y lo mandamos a estudiar en genética para que nos digan que estas enfermedades están ausentes, pero para que existan en el servicio público es todavía un sueño”, asevera.
LAS NICAS SE ADELANTAN
Lamentablemente, no todas las mujeres esperan su mejor momento, “ni lo ideal corresponde a la realidad nicaragüense”, comenta el sociólogo, tras explicar que según la Encuesta de Demografía y Salud (ENDESA 2001), el 3.3 por ciento de las adolescentes de 14 años han estado embarazadas; el 45 por ciento de las adolescentes del país, han estado embarazadas o han tenido hijos a los 19 años; el 26 por ciento de las adolescentes entre 15 y 19 años ya han tenido hijos.
“Es el porcentaje más alto de Centroamérica y en América Latina es uno de los más altos”, señala el sociólogo Melvin Sotelo.
Según la encuesta, la edad mediana al primer hijo es de sólo 18 años en las madres sin educación, la edad mediana en las madres con educación superior supera los 24 años.
EL HOMBRE Y SU PAPEL
El sociólogo Melvin Sotelo insiste en que “la edad paterna avanzada también juega un papel muy importante en la formación de alteraciones cromosómicas”.
Sin embargo, el hombre tiene un rango más amplio que la mujer. Su edad ideal para engendrar sin problemas está entre los 25 y 45 años “pero no quiere decir que después de los 45 años, un hombre no puede tener su bebé… sí existen condiciones en el hombre, pero si se combina un hombre de 65 con una mujer de 40, seguro que sale un problema”, dice.
Pero los problemas de salud no son los únicos que enfrentan las madres de edad avanzada. Ellas también enfrentan el temor de no estar en la mejor edad para ver crecer a sus hijos.
Yadira Fletes, quien tuvo a su último niño a los 39 años. Recuerda que planificó tener un hijo más, pero el embarazo se concretizó hasta que ella ya había dado por perdida la posibilidad, pues no se embarazaba.
“Mi hija se puso a llorar porque dijo que yo estaba ya muy mayor, que ella estaba en la universidad y le iba a dar pena”, recuerda.
Ella también tuvo complicaciones a partir del séptimo mes. Sin embargo, considera que no se debió a la edad, sino al fallecimiento de su esposo en esa etapa. Estuvo hospitalizada un mes, los médicos decidieron cesarearla porque la vida del bebé corría peligro, estaba sentado en el vientre y traía el cordón umbilical enrollado.
Fletes considera que “Es bueno tener a sus hijos joven porque los ve crecer, los prepara, pero tenerlos a una edad avanzada no es lo ideal”.
“Si me llegara a pasar algo mi niño queda chiquito, lo pienso preparar, lo quiero ver grande, pero a veces se hace imposible, porque a la edad que uno tiene, tal vez ya no lo pueda ver de 18 ó 20 años”, reflexiona.