El ex dictador está muy enfermo y debilitado. Es asistido por su hijo Marco Antonio (izq.) y otra persona para sentarse en el acto conmemoratorio en en el pórtico de su casa. (LA PRENSA/Reuters)

Anciano y solo, Pinochet no reniega de su papel

Ignacio BadalReuters SANTIAGO.- Lejos de toda polémica histórica sobre el golpe de Estado que encabezó el 11 de septiembre de 1973, un anciano Augusto Pinochet está hoy más cerca de ser un mito viviente, sin poder ni aliados, que el militar de gesto adusto que se convirtió de la noche a la mañana en el […]

Ignacio BadalReuters

SANTIAGO.- Lejos de toda polémica histórica sobre el golpe de Estado que encabezó el 11 de septiembre de 1973, un anciano Augusto Pinochet está hoy más cerca de ser un mito viviente, sin poder ni aliados, que el militar de gesto adusto que se convirtió de la noche a la mañana en el actor político más relevante del siglo XX en Chile.

Después de ser detenido en Inglaterra, desaforado y procesado en Chile, y luego eximido de sus juicios por demencia, Pinochet renunció el año pasado a la vida pública tras dejar la senaturía vitalicia que le correspondía como ex gobernante.

“Pinochet fue procesado por nuestros tribunales, fue despojado de su fuero y hoy día no es un actor político relevante’’, dijo el presidente chileno Ricardo Lagos, un firme opositor al ex general.

Más allá de su imagen pretérita y a 13 años de la restauración democrática, Pinochet todavía es un icono de división en Chile entre quienes lo admiran como liberador ante el marxismo y artífice de un milagro económico, y quienes lo odian por su bárbara represión a la izquierda.

EL OTOÑO DE UN DICTADOR

En las esporádicas ocasiones en que se deja ver, el antes hombre fuerte aparece como un débil enfermo de 87 años apoyado en un bastón, que dista mucho de cuando, golpeando la mesa, afirmaba que “no se movía una hoja’’ en el país sin que él lo supiera.

Según sus allegados, le gusta ver los noticiarios, casi su único vínculo con la realidad, por lo que las repetitivas imágenes del Palacio Presidencial chileno en llamas, que por estos días copan la televisión, lo han obligado a rememorar cuando hace 30 años tomó el poder por asalto.

“Siente el peso de la edad, pero es muy inteligente y sabe lo que ocurre, aunque habla muy poco. Él ya está alejado’’, dijo a Reuters su hijo Augusto.

La vida del ex dictador, que detentó el poder en Chile desde el violento septiembre de 1973 hasta marzo de 1990, transcurre entre su lujosa mansión del oriente de Santiago y su casa de campo en la costa central, desde donde será espectador de los numerosos actos conmemorativos del sangriento golpe que comandó.

Casi no recibe visitas. Sus partidarios de la derecha opositora ya no se aparecen a verlo como lo hacían durante y después de su larga detención en Londres, entre fines de 1998 y principios del 2000, a pedido de un juez español que lo acusaba de genocidio.

Ante los ojos de la familia Pinochet, esa derecha que apoyó y gozó de las prerrogativas de la dictadura, lo ha abandonado.

“Faltan líderes en la derecha. Hay muy pocos hombres que tienen los pantalones bien puestos’’, reclamó la esposa de Pinochet, Lucía Hiriart, en el penúltimo número de la revista local Caras.

¿PEDIR PERDÓN, YO? …NUNCA

La pausada vida del ex general sólo es interrumpida por viajes a la costa o a un hospital militar, donde es sometido a exámenes médicos para controlar su diabetes y sus males cardíacos.

Hace un mes, Pinochet envió su último mensaje en un encuentro cerrado con ex militares a los que llamó a unirse ante la adversidad, en momentos en que más de 200 uniformados desfilan por los tribunales para responder por la peor herencia de la dictadura: las violaciones a los derechos humanos.

Llegó a la reunión en su tradicional comitiva de seis vehículos que incluye una equipada ambulancia. Según medios de prensa, allí admitió que muchos de sus hombres “caerán’’, refiriéndose a que deberán soportar la persecución judicial por las atrocidades de su gobierno.

Más de 3,000 personas murieron o desaparecieron durante la dictadura y la mayor parte de los responsables pertenecían a las fuerzas armadas, en ese tiempo bajo el mando de Pinochet, y que paulatinamente intentan hoy alejarse de su controvertida figura.

“Serán las siguientes generaciones, una, dos o varias generaciones más las que comprendan y pongan a mi padre en el lugar que se merece … como un gran hombre que dio todo por su patria’’, comentó Augusto Pinochet hijo.

Pese a que los familiares de las víctimas exigen gestos de perdón y un juicio al ex gobernante, éste no se inmuta, pues dice desconocer cómo actuaban sus servicios de seguridad y sólo ha reconocido su responsabilidad política en los “excesos’’ de la supuesta guerra civil que libró su gobierno contra el marxismo.

“Pinochet dejó de ser un actor político y en ese sentido no creo que haga nada de eso (pedir perdón), pues ya lo hizo, reconoció su responsabilidad política’’, dijo Guillermo Garín, su más íntimo colaborador, en un encuentro con corresponsales extranjeros.

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