- Con un homenaje oficial por el presidente Lagos, el ex presidente derrocado fue recordado como no se había hecho hasta ahora en la transición política chilena, como un hombre que prefirió morir en aras de la dignidad de mandatario. Mientras, la figura de Pinochet fue relegada a un segundo plano
Nelson Sandoval DíazEFE
SANTIAGO DE CHILE.- Con la figura de Salvador Allende recuperada para la memoria histórica y con Augusto Pinochet en un discreto segundo plano, los chilenos recordaron divididos el golpe de Estado militar de 1973.
Según los numerosos debates, análisis, lanzamientos de libros, actos, homenajes, obras teatrales, documentales y otras expresiones que han proliferado estos días, no parece haber muchos chilenos que hayan cambiado su visión de hace 30 años.
En la política, sólo algunas agrupaciones de izquierda han incorporado a sus análisis tímidas autocríticas a su papel en la crisis.
En el plano general, la idea más repetida es la responsabilidad compartida: “Todos fuimos responsables”, repiten, pero a la hora de particularizar las culpas, siempre la tiene el otro.
Pero hoy, con una economía pujante y un acelerado proceso de modernización en marcha, la violencia como herramienta política en Chile ha desaparecido, salvo en las mentes nostálgicas de algunos radicales de un lado y del otro.
La gran novedad de este 30 aniversario ha sido la irrupción de la figura de Salvador Allende, que, con una serie de homenajes y actos de fuerte significación histórica, ha recuperado un lugar que le fue negado aún tras la recuperación de la democracia, en 1990.
Mientras el ejemplo de Allende, de optar por la muerte en aras de la dignidad de su cargo de Presidente y en defensa del orden institucional se instala en las nuevas generaciones de chilenos, la figura de quien lo derrocó, Augusto Pinochet, se eclipsa, empujada por el tiempo y el juicio público a su régimen.
“Sólo falta que canonicen a Allende”, comentó hace unos días Lucía Hiriart, la esposa de Pinochet, cuyo marido, cerca de cumplir 88 años, pasa sus días entre revisiones médicas, dietas estrictas y cortos paseos por alguna de sus mansiones.
Allende ha sido en estos días el motivo de dos recitales masivos que congregaron a decenas de miles de personas y a artistas de toda Latinoamérica, que le ven como ejemplo de consecuencia democrática y protagonista de uno de los más audaces proyectos políticos de los últimos decenios en la región.
GESTO LLENO DE SIMBOLISMO
El presidente Ricardo Lagos se sumó a la reivindicación de Allende pese a las críticas de la oposición y de algunos de sus propios aliados, al instalar en La Moneda dos placas recordatorias y dos cuadros pintados expresamente para perpetuar su memoria, además de autorizar que un salón del Ministerio del Interior lleve el nombre del fallecido gobernante.
El jueves, Lagos reabrió en La Moneda la puerta de “Morandé 80”, por la que el 11 de septiembre de 1973 fue sacado el cadáver de Allende, tapiada por el régimen militar para evitar su simbolismo.
Para el actual presidente, la reapertura de esa puerta sobrepasa cualquier significado ritual y es un paso hacia la recuperación de una tradición democrática, pues “Morandé 80” fue usada durante más de un siglo por los presidentes para todas sus idas y venidas no oficiales.
La reapertura de la puerta fue seguida de una ceremonia ecuménica, con un minuto de silencio en homenaje a los caídos durante el golpe.
También habrá homenajes a Salvador Allende junto a su monumento, que se levanta a un costado de la plaza que encara la fachada principal de la sede gubernamental.
Muy activos estuvieron los seguidores del ex gobernante de “facto”. Cuatro mil de ellos se reunieron en un centro de eventos, convocados por la “Fundación Augusto Pinochet”, para escuchar al ex ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa, para quien “el único error” de las Fuerzas Armadas fue “no haber intervenido antes” contra Allende.
En la ceremonia serán condecorados 120 ex ministros del régimen militar, y se entregará una medalla recordatoria a las esposas de los miembros de la Junta Militar que asumió el poder tras derrocar a Salvador Allende.
Por último, Augusto Pinochet donará a la Fundación, a través de su hijo Marco Antonio, la banda presidencial que utilizó durante sus 17 años de gobernante.
Los militares de hoy también recordaron el golpe, pero con otro espíritu: habrá misas en las que, según sus comandantes en jefe, se recordará “a todos” los caídos y se pedirá para que “nunca más” se repita en Chile una tragedia como aquella.
“¿DE QUÉ SERVIRÍA PEDIR PERDÓN?”
Marco Antonio Pinochet, hijo del ex dictador que ocupó el poder en Chile tras el golpe de Estado en 1973, aseguró que a estas alturas sería “inútil” que su padre pidiera excusas por los excesos cometidos por el régimen militar.
“No serviría de nada que mi padre pidiera ahora excusas. Dirían que es demasiado tarde, que no son sentidas”, afirma Marco Antonio en una entrevista que reprodujo el diario italiano La Stampa.
También subraya que el ex general no era responsable de las torturas y ejecuciones llevadas a cabo por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), que dirigió Manuel Contreras, a quien califica de “sicópata y mentiroso”, además de agente de la CIA (servicios secretos estadounidenses) y de trabajar para EE.UU.
“NECESITAMOS UNA NUEVA CONSTITUCIÓN”
La canciller chilena Soledad Alvear, aseguró que su país necesita una nueva Constitución que borre definitivamente las reminiscencias del régimen militar. Con motivo del 30 aniversario del golpe de Estado, señaló a EFE que, pese a los grandes avances logrados en la última década, en la Constitución chilena “aún persisten algunas normas” del pasado.
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