Gonzalo Normando Salgado Soza
Según cifras del INEC el 43 por ciento de los nicaragüenses vive en pobreza, 17 por ciento en pobreza extrema y sólo 40 por ciento en condiciones aceptables, y casi tres millones de nicaragüenses “no cuentan con los medios necesarios para sustentar sus necesidades básicas”.
Por tal razón es vergonzoso que los funcionarios públicos devenguen salarios que están fuera de esta realidad nacional, que aumentan los sufrimientos para las mayorías. En una ocasión el entonces funcionario público Humberto Belli justificaba estos salarios, aduciendo que no es lo mismo el trabajo que realiza el bombero de una gasolinera que el trabajo que realiza el gerente de la misma, quien dedicó años de estudios para especializarse y sobre todo porque es sobre quien recae toda la responsabilidad administrativa y de desarrollo del negocio.
Sin embargo esta comparación no es válida para el sector público, cuyo principal propósito debe ser implementar estrategias de desarrollo integral para el país y no para un grupo de funcionarios mediocres y sin sentido de responsabilidad. Digo mediocres porque en la mayoría de las instituciones y poderes del Estado más que funcionarios capaces y preparados lo que predomina es una súper estructura partidaria que consume el mayor porcentaje de los recursos de estas instituciones, sin importar la capacidad de éstos.