Nuestro país tiene uno de los índices de natalidad más desastrosos del planeta por la falta de una política de Estado en asuntos de educación sexual.
Es triste visitar Nicaragua y ver a una niña de 14 ó 15 años cargando a un bebé de meses sin tener qué ofrecerle, ni comida, ni educación, ni ropa, ni siquiera lo más elemental. En harapos, sucios y hambrientos, pidiendo en las calles y los semáforos de la ciudad, sin futuro alguno.
Nadie puede impedir que los jóvenes tengan relaciones sexuales. Lo único que puede hacerse es explicarles las opciones que tienen, ya sea la castidad, cuyo significado parece ignorar la mayoría de los jóvenes actuales, o una vida sexual activa responsable. Eso es lo que trata de enseñar el manual, no de imponer una opción sobre otra. No propone que se repartan condones u otros anticonceptivos en las escuelas. No promueve la homosexualidad sobre la heterosexualidad, ni trata de glorificar el aborto. Pero los jóvenes deben ser educados acerca de la existencia de todo ello. En nuestra sociedad, muy poco se habla en los hogares acerca de estos temas. Como consecuencia, los jóvenes salen a las calles a asumir conductas sexuales arriesgadas con poco conocimiento de las consecuencias que éstas conllevan.
No espero que LA PRENSA publique esto, pues es contrario a su ideología conservadora y ultracatólica, pero mientras no se traten estos asuntos con la apertura y sinceridad necesarias, Nicaragua no hace más que hundirse día a día en la miseria y el subdesarrollo.
Eddy Stevens
Boynton Beach, FL, USA