Martha Lorena Bravo O.
Quiero comentar y aclarar la carta del señor Charles Lankford publicada del 3 de septiembre. Entiendo que él es un especialista en el tema de las antenas y respeto su opinión, pero creo que erró al decir que los pobladores protestamos alentados por médicos y diputados, como si fuéramos personas sin criterio. Somos seres humanos que sentimos temor ante la desprotección de nuestras autoridades que permiten que se instale una antena de 60 metros sin análisis de la ubicación, sin la debida supervisión y prevención de accidentes, ante la incertidumbre que la misma OMS tiene y tendrá sobre los efectos a la salud hasta que no concluya sus investigaciones a finales del año 2005, preocupación razonable por el peligro de que caiga una antena de ese tamaño en nuestras casas.
El Minsa con su normativa sanitaria no impide que venga inversión al país, más bien contribuye a normar las operaciones de cualquier empresa nacional o extranjera protegiendo la salud mental y física de la población. La falta de una ley que regule actividades como éstas es lo que ha provocado daños al medio ambiente, como al lago de Managua, o los insecticidas a la población. Nicaragua es poco poblado y hay mucho espacio para esas instalaciones, lejos de la población.