El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva da un discurso durante la celebración de los 20 años del sindicato más grande en Brasil, la Central Única de los Trabajadores, de la cual él es uno de los fundadores. (LA PRENSA/EFE)

Lula: de la izquierda a la derecha en 8 meses

La derecha lo califica de “extraordinario”, y los detractores de su propio partido lo llaman “neoliberal”. Encuestas lo muestran popular. Eduardo DavisEFE RÍO DE JANEIRO.- Cuando asumió el gobierno en enero pasado, muchos temían que Luiz Inácio Lula da Silva implantase el comunismo, pero hoy los brasileños sostienen que su gobierno es de derecha y […]

  • La derecha lo califica de
    “extraordinario”, y los detractores de su propio
    partido lo llaman “neoliberal”.
    Encuestas lo muestran popular.

Eduardo DavisEFE

RÍO DE JANEIRO.- Cuando asumió el gobierno en enero pasado, muchos temían que Luiz Inácio Lula da Silva implantase el comunismo, pero hoy los brasileños sostienen que su gobierno es de derecha y los marxistas de su partido le tildan de “neoliberal”.

La “conversión” del ex sindicalista ha sorprendido a muchos y se ha reflejado en una encuesta difundida el domingo por la empresa Datafolha, que desde 1990 mide los índices de aprobación de los gobiernos en Brasil.

El año pasado, cuando las encuestas predecían la holgada victoria del líder del socialista Partido de los Trabajadores (PT) en las urnas, la derecha nacionalista y la derecha financiera internacional alentaron temores sobre el camino que podría seguir Brasil.

Lula fue comparado con el presidente cubano, Fidel Castro, y con el venezolano Hugo Chávez, con quienes sectores conservadores de Estados Unidos llegaron a decir que configuraría un “eje del mal” latinoamericano.

Sin embargo, ocho meses después de haber tomado posesión, Lula transmite una imagen bien diferente. Los mercados le aplauden y la derecha nacionalista lo califica de “extraordinario”, como dijo el economista Delfim Netto, ministro de Hacienda durante 13 de los 21 años que duró el régimen militar que terminó en 1984.

Esa percepción opuesta al “ogro comunista” que se vaticinaba se ha reflejado en la encuesta de Datafolha.

Según el sondeo, el índice de aprobación del gobierno de Lula ganó dos puntos porcentuales en agosto y subió al 45 por ciento, lo que supone la mejor medición para un presidente brasileño desde 1990.

Pero más allá de los elevados índices de popularidad de Lula, la gran sorpresa de la encuesta fue el tinte ideológico que la mayoría de los brasileños observan en su gobierno.

Según el 28 por ciento de las 2,605 personas consultadas en las principales ciudades del país, el gobierno de Lula es claramente de “derecha”. Un 12 por ciento dijo que es de “centro” y un 10 por ciento lo calificó como de “centro derecha”.

Para un 22 por ciento de los encuestados el gobierno de Lula es de “izquierda”, mientras que para un 11 por ciento es de “centro izquierda” y un 16 por ciento no lo sabe definir.

Ello significa que para el 38 por ciento de los brasileños, el gobierno de Lula está orientado hacia posiciones de derecha, contra un 33 por ciento que lo sitúa en un universo ideológico más cercano a los orígenes trostkistas del fundador del PT.

DUROS MARXISTAS A LA CARGA

Precisamente en el partido de Lula los sectores marxistas que han sobrevivido a las purgas de las últimas dos décadas se están convirtiendo en los más porfiados críticos del presidente que ayudaron a elegir.

Este fin de semana, 2,300 militantes del PT, entre ellos algunos de los fundadores, difundieron un manifiesto en el que instan a la base a “rescatar el partido”.

“Con certeza, los 53 millones de brasileños que votaron (a Lula) no lo hicieron para que se reduzca la inversión en vivienda popular, en educación, en salud o en reforma agraria, para pagar intereses de la deuda”, dice el documento.

El manifiesto alude al presupuesto elaborado por el gobierno de Lula para 2004, el primero de su administración, que es casi un calco del que heredó este año de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso.

El documento pide a las bases del partido “resistirse al guiño neoliberal” y combatir el “estalinismo” en el que, dice, se ha sumergido el PT, que ha amenazado con expulsar a cinco parlamentarios que se oponen a las políticas del gobierno.

El ministro de la Casa Civil, José Dirceu, ex presidente del PT y considerado “mano derecha” de Lula, dijo que “el gobierno está haciendo lo que tiene que hacer: organizar el país y recuperar su credibilidad”.

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