- Panel independiente ve similitudes en fallas de los desastres de los transbordadores Columbia (2003) y Challenger (1986)
Marcia DunnAP
CABO CAÑAVERAL,FLORIDA, EE.UU.- El informe sobre la tragedia del transbordador Columbia parecerá familiar ante los ojos de quienes vivieron la agonía del Challenger.
La destrucción del transbordador espacial Columbia y la muerte de sus siete astronautas se debió a graves fallas en la Agencia Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) como una obsesión con el cumplimiento de horarios, una grave falta de fondos y un programa de seguridad desgastado y deficiente, indicó esta semana una comisión investigadora.
La Junta de Investigación del Accidente del Columbia dijo en su amplio análisis que las medidas de seguridad de la agencia espacial cambiaron poco desde el desastre del Challenger en 1986, y que si no cambian nuevamente habrá más tragedias.
Deficiencias técnicas y un mal desempeño de la NASA terminaron derribando a ambos transbordadores. Pero en esta oportunidad, dos miembros clave del Congreso indicaron que están dispuestos a impulsar cambios drásticos para la seguridad de los futuros astronautas.
“Tendrán que rodar algunas cabezas, tendremos que deslindar responsabilidades, y asegurarnos de que ciertas personas sean separadas de sus cargos y de que se cumplan los cambios. No hay nada que resista más los cambios que una gran burocracia”, expresó el legislador Dan Rohrabacher, presidente del Subcomité de Ciencia, Espacio y Aeronáutica de la Cámara de Representantes.
Tanto Rohrabacher como el senador Bill Nelson, del Comité de Comercio, Ciencia y Transporte, fueron informados periódicamente por la junta de investigaciones del accidente del Columbia antes de que ésta difundiera su estudio el martes. La Junta estuvo presidida por el almirante Harold Gehman.
“Lo que fue una agencia con un personal fuerte y poderoso, comprometido con el futuro y la conquista del espacio, es ahora, según nos ha dicho el almirante Gehman, una burocracia incompetente para supervisar los viajes al espacio”, consideró Rohrabacher, perteneciente al partido oficial republicano.
La junta dedicó a sus investigaciones sobre el Columbia casi el doble del tiempo que requirió la comisión asignada al estudio del Challenger, y observó con mayor detenimiento que está todo el programa de transbordadores espaciales. Durante los siete meses de su estudio, contó con un presupuesto de 20 millones de dólares.
Pero están surgiendo similitudes entre las dos tragedias.
FALTA DE COMUNICACIÓN ENTRE INGENIEROS Y GERENCIA
“Lo que provocó la destrucción del Challenger hace 17 años no sólo fue el clima frío y la falla en los anillos, sino también la falta de información entre los ingenieros y la gerencia”, expresó el senador Nelson.
“Estamos viendo en este informe muchas cosas iguales (al informe anterior), y pienso que la NASA va a tener que cambiar”, indicó.
En el estudio divulgado el martes, la junta dijo que “cree firmemente que si estas deficiencias persistentes y sistemáticas no se resuelven, habrá otro accidente”.
Antes de la pérdida del Columbia, dijo el documento, los directivos de la NASA se acostumbraron a aceptar fallas en el sistema del transbordador y tendían a ignorar la posibilidad de que estas deficiencias pudieran agravarse y causar una nueva catástrofe.
Esas fallas fueron un “eco” de las causas fundamentales del accidente del Challenger, dijo el panel.
En sus más de 200 páginas, el informe está repleto de detalles y se concentra particularmente en la pieza que se desprendió del Columbia durante el lanzamiento de mediados de enero y dejó un agujero del tamaño de un plato en el ala izquierda.
Aunque los ingenieros estaban preocupados antes del lanzamiento, nunca lo manifestaron. Estaban demasiado intimidados por la cultura de la NASA como para hablar.
CULTURA INTERNA
“En la cultura de la NASA, los ingenieros son consultados”, dijo Douglas Osheroff, uno de los investigadores de junta que redactó el informe y ganador de un premio Nóbel en física. “Pero de hecho, son los gerentes los que toman las decisiones”, explicó.
SE PERDIÓ PODEROSO ALICIENTE… Y DINERO
La rivalidad de Estados Unidos con la Unión Soviética proveía un poderoso estímulo al trabajo de la NASA en la época de la guerra fría, y una justificación suficiente para generosas partidas presupuestarias, pero con el fin del mundo bipolar, eso es un asunto del pasado.
“Los imperativos de la guerra fría que hicieron al programa (espacial) un potente símbolo político para el presidente John F. Kennedy y que se iban desgastando pero aún eran discernibles en la era Reagan, parecen haberse acabado”, escribió el diario The New York Times (NYT) en un análisis noticioso.
El historiador espacial de la comisión investigadora, John M. Logsdon, concluyó que ese factor tuvo que ver también en el terrible fin del Columbia.
“No pudiendo justificar ya sus proyectos con la urgencia impuesta por la lucha de las superpotencias”, escribió Logsdon, según el diario, “la agencia no obtuvo incrementos presupuestarios en los años 90. En vez de ajustar sus ambiciones a ese nuevo estado de cosas, la NASA siguió con una agenda ambiciosa de exploración espacial”.
El NYT también señaló la actitud de la Casa Blanca y los últimos presidentes, que a la par de deshacerse en elogios al programa espacial, recortaban en un 40 por ciento el presupuesto de la agencia.