Dirigentes

Edgard Rodríguez C. [email protected] Nadie ha contribuido más al descrédito de los deportes, que sus propios dirigentes. Es obvio que no son los únicos, pero ellos han sido los más tenaces y persistentes en empujarlos hacia la crisis que ahora los agobia. No se puede eximir de su cuota de responsabilidad al gobierno cuya indiferencia […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Nadie ha contribuido más al descrédito de los deportes, que sus propios dirigentes. Es obvio que no son los únicos, pero ellos han sido los más tenaces y persistentes en empujarlos hacia la crisis que ahora los agobia.

No se puede eximir de su cuota de responsabilidad al gobierno cuya indiferencia ha sido también decisiva para su deterioro. Incluso algunos de nosotros somos culpables por la falta de firmeza en los señalamientos.

Aún así, nos quedamos cortos respecto a los dirigentes.

Con las excepciones de rigor, a la mayoría nadie los respalda porque no son sujetos de crédito y se atrincheran en estatutos que modifican a su conveniencia, mientras le cierran espacios a los actores con los que no se sienten identificados.

De acusaciones de ellos mismos, hemos sabido que hay algunos que trafican con visas, es decir, incorporan en las delegaciones deportivas a gente que nada tiene que ver con los deportes.

No les importa que sus atletas queden últimos, lo importante es viajar. De ahí que se les vea el cruzar de dedos con la esperanza de que sus atletas clasifiquen. Y si no lo hacen, pues ahí están las “conexiones” para viajar de todas formas.

Y cuando les piden cuentas, brincan. En lugar de ver tal asunto como el chance para conservar su honorabilidad, se molestan levantando sospechas. Y recurren a la exclusión deliberada y sistemática con el que les critica.

Para muestra un botón: Julio Rocha, presidente del CON, se ha negado a brindarle entrevistas a Wilder Pérez, de LA PRENSA, un chavalo que acostumbra llamar las cosas por su nombre. Otros medios, en cambio, han contado con “mejor suerte”.

Nuestro deporte, no necesita más excusa. Necesita un diseño, un plan. El reciente viaje a los XIV Juegos Panamericanos, con la excepción del béisbol, certificó su estado de ruina. Un saldo que ha sido constante en los últimos años.

Y para cerrar con broche de oro, la Feniba, es decir, Carlos García, desecha una oportunidad de oxigenarse a través de un plan propuesto por Denis Martínez, que bien pudo ajustarse, pero no descartarse, justo ahora cuando su capacidad de gestión, ha estado bajo escrutinio.

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