Maestros

Lic. Betty Sandoval Avellán Muchos nos menosprecian, dudan de nuestra competencia. Cuando se refieren a nosotros, ponen los ojos en blanco, se golpean el pecho y claman: ¡Los pobre maestros! Hemos tenido una serie de ministros muy honorables, muy de prestigio, que jamás han impartido una clase en un aula de primaria o de secundaria, […]

Lic. Betty Sandoval Avellán

Muchos nos menosprecian, dudan de nuestra competencia. Cuando se refieren a nosotros, ponen los ojos en blanco, se golpean el pecho y claman: ¡Los pobre maestros!

Hemos tenido una serie de ministros muy honorables, muy de prestigio, que jamás han impartido una clase en un aula de primaria o de secundaria, atestada, caliente, con mobiliario insuficiente, sin biblioteca, con pizarrones deteriorados, tiza de pésima calidad y fiscalizados muchas veces por quienes tampoco han dado clases. Nunca han tenido que correr de un turno a otro para obtener el pan nuestro de cada día, ni que preguntarse, angustiados, cómo comprar la medicina carísima para sus hijos.

Llegan con ideas extrañas, mitifican el planeamiento y el sistema evaluativo que deben ser procesos didácticos, claros, sencillos y agradables; violan nuestros valores y hasta hubo un viceministro que suprimió la nota final “porque no era constructivismo” (sin conocerlo).

Pagan miles de dólares a consultores, asesores y expertos extranjeros (que vienen a aprender) para realizar obras que “los pobres maestros nicaragüenses” con un poco de asesoría podrían realizar exitosamente.

Pero nosotros somos profesionales de la educación. En nuestras manos está la infancia y la juventud nicaragüense, es decir, el futuro de la Patria. Abnegados, humildes y sencillos, cumplimos nuestro deber cada día como quien dice una oración a Dios. Merecemos gratitud, respeto admiración y amor.

¿Por qué los maestros no pueden ser ministros? ¿Acaso se necesita la política o las macro teorías abstractas para mejorar la calidad de la educación?

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