Douglas A. Reyes M.
Al leer el artículo del martes 12 de agosto en el diario LA PRENSA, titulado Futuro incierto para el CEI, quise escribir sobre el tema, ya que lo conozco perfectamente por haber sido el anterior presidente de esa institución.
Cuando el presidente Enrique Bolaños tomó el poder, su primer gran logro fue la organización del Primer Foro de Inversionistas, evento que según palabras del nuevo mandatario fue todo un éxito, poniendo este hecho muchas veces ante los medios de prensa, como ejemplo de lo que su gobierno iba o podía lograr y la nueva forma en que se trabajaría en el Estado, rápida y eficazmente.
Este foro de lo que el gobierno se jactó como su primer gran logro fue organizado en su totalidad por el Centro de Exportaciones e Inversiones (CEI), inclusive se utilizó fondos que para el CEI significaban su sobrevivencia. Unos meses después en vez de recibir el agradecimiento del Ejecutivo se recibió la triste noticia de que se formaba en la Presidencia de la República un nuevo organismo para atraer la inversión extranjera al que llamarían PRO-Nicaragua (nombre sacado de un proyecto del CEI), quitándole al CEI los fondos que estaban destinados para esta actividad, o sea que por política gubernamental en ese momento se comienza a debilitar la institución que cooperó con el Presidente para su primer éxito.
Después de muchas reuniones con el Ministro de Fomento, Industria y Comercio (Mific) e incluso con el presidente Bolaños, nos convencimos de la falta de voluntad del Gobierno, por lo que se decidió que la única forma para salvaguardar al CEI era darle nuevo rumbo, por lo que después de estudios serios nos decidimos que podíamos colaborar con Nicaragua convirtiendo al CEI en el “exportador de los pequeños productores” o sea en el “exportador de los que no pueden exportar por sí solos.
El CEI cumpliendo su cometido se convirtió en exportador de éstos, logrando exportar directamente jengibre y ajonjolí y promovió exportaciones de artesanía, derivados lácteos, frijoles, yuca, plátanos, pulpa de frutas frescas, muebles de madera, cacao, maní y otros productos y la respuesta del Gobierno en vez de felicitarnos fue reducir nuevamente el presupuesto, lo que causó reducción de personal de 34 personas en 1999 a 14 personas en 2003.
Al término de mi período me sucedieron dos co-presidentes, el ministro del Mific y un representante del sector privado que nunca asistió a una sola reunión. Por mi parte estaba contento con mi sucesor ya que si el ministro había aceptado la presidencia, lógicamente trataría de solidificar la institución, por lo menos entregándole el presupuesto que el Gobierno había comprometido con los donantes para la ejecución exitosa del proyecto CEI.
Tuve conocimiento que hace pocos días un funcionario del Banco Mundial, el cual no conoce a fondo a la institución (CEI), criticó fuertemente al CEI con el Ministro del Mific aduciendo la debilidad en su liderazgo, su visión desactualizada, planificación poco convincente, etc, etc.
Sin tomar en cuenta la falta de recursos ni el poco apoyo del Gobierno, como dije en un principio es como criticar que en una “pelea de oveja amarrada con león suelto” de que el león mate rápidamente a la oveja, ya que si el Gobierno hubiera cumplido sus compromisos presupuestarios con el CEI y los donantes y como miembros de su junta directiva hubieran apoyado una estrategia nacional para la promoción de las exportaciones, estoy seguro que esta institución podría haber liderado con mucho éxito esa estrategia que Nicaragua tanto necesita, para lograr superar la pobreza que nos aqueja.
Finalizo mis comentarios lamentando que cada gobierno de turno en vez de fortalecer y perpetuar las instituciones existentes las destruye o las cambia por nuevas, olvidándose de los recursos de tiempo y dinero invertidos tanto por los donantes, en este caso Suecia y PNUD y de los recursos nacionales que salen de nuestros impuestos.
El CEI en este momento es la oveja amarrada de patas y manos a merced del león gobierno, que prefiere comenzar a criar otra oveja que alimentar y pastorear a la primera. ¡Lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta¡
El autor es ex presidente del CEI y empresario privado.