José Leñero G.*
En columna anterior comenté que Goleman, Boyatzy y McKee en Primal Leadership, 2002, ofrecen los conceptos de líderes resonantes —que ayudan a su grupo a alcanzar alta productividad sin mayor esfuerzo, gracias a la armonía entre su trabajo, su talento natural y su estado de ánimo— y líderes disonantes que no saben dirigirlos en esa forma.
Aunque hay diversas clasificaciones de estilos de liderazgo, en ese libro señalan que las propias de los líderes resonantes son:
VISIONARIO
Es el que define bien a donde se quiere llegar, aunque no cómo alcanzarlo, lo que encarga al grupo dándole libertad para innovar, experimentar y tomar riesgos calculados.
Este estilo se apoya en la alta Inteligencia Emocional del líder y dentro de ella la empatía y transparencia para entender y comunicarse con los demás con actitud inspiradora.
ENTRENADOR
Es el que dirige uno a uno a los miembros de su grupo, ayudándoles a identificar sus fortalezas y carencias, relacionándolas con las aspiraciones de carrera de cada uno.
Su efectividad exige habilidad para desarrollar a su gente, apoyándose en su alerta y empatía para captar las emociones ajenas.
AFILIATIVO
Es propio de líderes que se ocupan primariamente de promover la armonía y las interacciones amistosas en su grupo, esto es, enfocados en las emociones que se les revelan por el uso de la empatía.
DEMOCRÁTICO
Se construye sobre la tríada de Inteligencia Emocional: trabajo en equipo, manejo de los conflictos y persuasión. Requiere de un líder que escucha, es buen colaborador, hábil para disminuir los conflictos y para crear armonía.
Aunque los autores los presentan como opción a elegir del líder, mi experiencia, apoyada por el estudio de Jim Collins en el libro citado, me indica que cada estilo es más indicado en alguna de las etapas de formación o madurez del desarrollo del grupo.
En la etapa de formación de un grupo son muy importantes el 2. Entrenador y el 3. Afiliativo, iniciándose con aquel en que el diagnóstico del grupo muestre mayor carencia.
Si ésta es falta de confianza en las relaciones con sus compañeros, el mejor arranque es el 3, ya que hasta que eso no se dé, no hay posibilidad de construir un equipo verdaderamente triunfador.
Si la mayor carencia es el conocimiento personal del líder del potencial técnico de su gente, o que a éstos aún les falta desarrollo técnico, el mejor inicio es el 2. Entrenador, de modo de llevarlos al estado de excelencia individual, que apoye el mejoramiento continuo del trabajo del grupo.
El 3. Democrático, corresponde a un grupo maduro, altamente productivo, con un jefe que Collins define como nivel 4 en el libro citado, que es uno muy participativo, que ha desarrollado al grupo a su gusto, pero que es él quien fija a donde va, aunque se apoya en ellos para definir los “cómo”.
El 4. Visionario, también corresponde a un grupo maduro, pero cuyo jefe es del nivel 5 de Collins, esto es, alguien que define a donde se va, pero le da una amplia libertad para que ellos propongan como llegar y, aún, expresar si tienen objeciones, respecto del objetivo propuesto.
Consultor Internacional.