- Otra vez lesionado
Edgard Tijerino M. [email protected]
“El coronel comprobó, que cuarenta años de sufrimientos, no le habían bastado”… La frase es de Gabriel García Márquez y bien puede ser aplicada a Marvin Benard, regresando a la lista de inhabilitados de los Gigantes de San Francisco, precisamente cuando sus esperanzas de seguir en pie de lucha se evaporan.
Lo peor de una mala situación es que se deteriore más, y eso es lo que desde hace largo rato, ha estado ocurriendo con el esforzado pelotero nicaragüense, que logró proyectarse con los Gigantes desde una escogencia de la ronda 50, hasta firmar un contrato de 11.1 millones de dólares por tres temporadas, envuelto en expectativas insospechadas.
A pocos días de terminar su contrato, con un porcentaje carcomido debajo de los .200 puntos, sus rodillas vacilantes y su futuro nublado, Marvin parece atrapado y sin salida.
¿Qué equipo podría interesarse en una situación como ésta? Él se ha convertido en un gran riesgo y difícilmente alguien se atrevería a tomarlo, de eso estamos claros, y me imagino, también él.
Hace unos meses, Marvin me dijo siguiendo la recomendación de Murphy, “estoy listo para lo peor”, como es quedar fuera del escenario, pero aunque uno lo diga, espera sostenerse, contra viento y marea.
Lo peor es no poder disponer de las oportunidades deseadas y requeridas mientras estás atravesando por el último año de tu convenio, por culpa de las lesiones. Cierto, cifras en mano, Marvin no arrancó bien, pero él se caracterizó por ser un pelotero de crecimiento lento, capaz de crecer y lograr ser incidente en las segundas partes.
Eso fue posible mientras se conservó saludable, no ahora con sus rodillas gimiendo y distante de su forma habitual.
“Nunca pensé estar aquí y Dios ha sido muy generoso conmigo permitiéndome jugar en las Grandes Ligas y obtener un gran salario”, ha dicho reiteradamente Benard, con esa humildad que todos deberíamos tener, pero internamente satisfecho que su afán de superación, ese que lo impulsó a derrotar tantos factores adversos, haya sido la clave para establecerse unos años en el mejor béisbol del mundo.
“Cuántos sueñan llegar aquí y nunca lo consiguen. Así que no tengo que quejarme. Luché y llegué”, apunta el pelotero que está viendo cerrarse el espacio y las posibilidades alrededor de su futuro inmediato.
“Los maromeros comen gatos para no romperse los huesos”, dice el escritor colombiano ganador del Nóbel en su libro “El Coronel no tiene quien le escriba”. Lamentablemente, Marvin no lo sabía… hace rato lo hubiera hecho.