Oscar Torres realizó la última joya monticular en los Panamericanos ante Dominicana, labor que también fue disfrutada por el entrenador Julio Sánchez (izq.). (LA PRENSA/Oporta/Enviado Especial)

Ahora… ¿Qué más?

Edgard Tijerino M. [email protected] SANTO DOMINGO.- Seamos claros, la posibilidad de una medalla en el béisbol Panamericano era solamente algo leve, difícilmente perceptible cuando nos embarcamos hace unas semanas, con un equipo sometido a cuestionamientos respecto a su potencial. Así que, lo ocurrido hasta hoy, es tan sorprendente como espectacular. En los cálculos previos, Cuba […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

SANTO DOMINGO.- Seamos claros, la posibilidad de una medalla en el béisbol Panamericano era solamente algo leve, difícilmente perceptible cuando nos embarcamos hace unas semanas, con un equipo sometido a cuestionamientos respecto a su potencial. Así que, lo ocurrido hasta hoy, es tan sorprendente como espectacular.

En los cálculos previos, Cuba era el gigante de siempre. Dominicana como local, inyectada con veteranos profesionales, seguramente sería un rival complicadísimo. USA con su tropa universitaria obteniendo más de 20 victorias consecutivas durante el adiestramiento, se veía temible. Y detrás, México, que nos sacó del escenario en Winnipeg y Panamá, un viejo y durísimo enemigo.

Nada que ver con lo que se esperaba del equipo en Indianápolis 87, cuando cerramos la etapa de preparación derrotando a Cuba en La Habana.

Pero la escuadra pinolera ha logrado un crecimiento asombroso y su actuación en la fase clasificatoria no tiene precedente: 4 victorias con 3 blanqueos consecutivos y una sola carrera en contra en 36 entradas.

Diego Sandino, Cairo Murillo, Olman Rostrán y Oscar Torres retando al irrepetible super-staff del 72… Por favor ¿quién es el nuevo Julio Juárez, o Sergio Lacayo?, ¿dónde están los prospectos del calibre de Denis Martínez y Antonio Chévez?, ¿se hubiera dejado fuera de nómina a un pitcher como Porfirio Altamirano?

Olvídense de discusiones. Vamos a la testarudez del hecho, como diría Lenin. El mejor pitcheo y la mejor defensa bajo presión del torneo, con el agregado de la producción necesaria, enfrenta hoy a Panamá en duelo de muerte súbita.

La pregunta es ¿volveremos a flaquear en el momento cumbre como tantas veces lo hemos hecho?, o finalmente seguiremos siendo lo suficientemente consistentes para conseguir por vez primera en nuestra historia algo grandioso.

Después de ser el único equipo invicto, las consideraciones, las perspectivas y los vaticinios, han cambiado drásticamente como es natural. De pronto, nos vemos más grandes que todos.

La incertidumbre frente a Panamá es vieja, y no cojea. Data desde 1935 en aquellos Centroamericanos y del Caribe realizados en San Salvador, y se ha extendido sin agotarse. Precisamente aquí en Santo Domingo, en 1972, ellos nos ganaron después de habernos visto derrotar a Cuba. Fue en el Torneo de la Amistad que dirigió Heberto antes del Mundial asesorado por Castaño.

¿Qué más esperamos de este equipo que está atravesando por un rapto de inspiración? ¿seguirá el pitcheo luciendo tan dominante? ¿insistirá la defensa en fabricar milagros? ¿tendremos una ofensiva agresiva?

Si Panamá nos saca la lengua, no hay que dramatizar. El equipo fue más allá de lo previsto y ha logrado revitalizar el entusiasmo por el béisbol en el terruño. Eso tiene un enorme significado.

Claro, regresar con una medalla sería más gratificante, y pelear el oro, mucho más, pero no podemos descartar a Panamá como altamente peligroso. Si se pierde, no se volverá con la frente marchita. Estos valientes muchachos que parecen ser soldados de Aníbal el cartaginés, nos han hecho temblar de emoción con un béisbol intenso, deslumbrante, pletórico de entusiasmo, inspirado y obviamente revitalizante.

¿Qué más podemos exigirles?

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