El pesista Orlando Vásquez es la máxima figura de Nicaragua en Juegos Panamericanos, al consechar seis medallas, sin incluir tres que perdió en los juegos de 1987.

Sorprendente, espectacular

Edgard Tijerino [email protected] Frente a la proeza de las 9 medallas –6 oficiales– que conquistó en Juegos Panamericanos, independientemente del recorte a que fue sometido después de una grave equivocación que lo empujó hacia la descalificación en 1987, es natural preguntarse aterrizando en la pista de las consideraciones: ¿Logró Orlando Vásquez desarrollar todo su “potencial”? […]

Edgard Tijerino [email protected]

Frente a la proeza de las 9 medallas –6 oficiales– que conquistó en Juegos Panamericanos, independientemente del recorte a que fue sometido después de una grave equivocación que lo empujó hacia la descalificación en 1987, es natural preguntarse aterrizando en la pista de las consideraciones: ¿Logró Orlando Vásquez desarrollar todo su “potencial”?

Uno piensa que si trata de un ganador de tantas medallas entre las exigencias de Juegos Panamericanos, tiene que haber conseguido sacar el máximo provecho de su potencial, pero en el caso de Vásquez, emergiendo en medio de las terribles dificultades que siempre han rodeado a nuestro deporte, podemos dudarlo.

Siempre me he preguntado: ¿Qué tan grande hubiera llegado a ser Walberto López de haberse construido como pingponista en China, Japón, Corea o Suecia?… Y la misma interrogante vale con un pesista como Vásquez, más allá que en cierto trayecto de los años 80, haya sido sometido a un consistente adiestramiento, algo que no obtuvo Walberto.

¿Cómo medir a Vásquez en su preparación con los pesistas de USA, Canadá, Cuba, Brasil, México y Venezuela, sólo por citar algunos casos de obvia ventaja?

Dice Norman Vicent Peale que “puedes si crees que puedes”… Sin embargo, no es tan así de sencillo. En la cada vez más presionante competición deportiva, debes de contar con los recursos, el apoyo y el fogueo requeridos para obtener un crecimiento que te permita incursionar en niveles de medallas.

La grandiosidad de Vásquez, instalado como el mejor atleta amateur pinolero en el repaso de todos los tiempos, es haber derrotado todos los factores adversos en un alarde de superación a base de agallas para asegurar cuatro preseas de bronce y dos de plata.

En Juegos Regionales, Stanley Cayasso fue un símbolo y Gustavo “Kid Centella” Vega una muestra de inspiración divina y seductora, pero Vásquez es el ejemplo de perseverancia, proyección y rendimiento, que todos soñamos en diferentes áreas.

Nuestros corazones dejaron de bombear súbitamente en 1987 durante los Juegos de Indianápolis, cuando en la categoría de 52 kilos, le quitaron las tres relucientes y fantasiosas medallas de bronce por registrar positivo por consumo de un diurético suministrado imprudentemente para combatirle una afectación.

No terminábamos de saltar hacia las nubes después de verlo levantar 95 kilos en arranque, 125 en envión y 220 en total, cuando todo se derrumbó, menos el esfuerzo del pequeño Hércules pinolero, porque tal diurético, aunque perteneciente al line-up de sustancias prohibidas, no le proporcionaba a Orlando más fortaleza.

En un momento como ese, su dureza mental fue puesta a prueba. No se refugió en lamentos niquiranos, sino que decidió trabajar a fondo mientras atravesaba por la sanción impuesta, y regresó revitalizado para ganar tres medallas en los Panamericanos de Cuba en 1991, y otras tres en Mar de Plata, Argentina, en 1995.

Dueño del 66 por ciento del total de medallas conseguidas por Nicaragua en Panamericanos, con 6 de 9, Vásquez no se detiene a hacer cálculos que lo real debería de ser el 75 por ciento con 9 de 12, sino que expande su pecho y ruge como Mufasa en la cima de la montaña, ampliamente satisfecho.

Los padres de Orlando, Rafael y Lidia, soñaron que su chavalo trataría de abrirse paso por esta vida tan complicada metiéndose a los estudios, pero desde los 11 años, esa pequeña montaña de músculos se sintió atraído hacia las pesas y Rodolfo Mendoza se encargó de motivarlo y adiestrarlo.

“Si consigo un pollito, le dejo la mejor parte para que se alimente bien”, dijo doña Lidia en una entrevista durante aquel agitado 1987…” El es muy disciplinado y lo deja todo por entrenar. Cuando se ve un esfuerzo así, hay que ofrecer apoyo”, agregó la mamá, antes de ser estremecida por el impacto de la sanción.

El tiempo pasará, como en Casablanca, la película de Bogart, pero no se llevará el orgullo y la satisfacción de haber visto a un atleta como Orlando Vásquez elevarse por encima de una montaña de dificultades, y alcanzar sorprendente y espectacularmente la grandeza deportiva.

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