- Cada vez son más competitivos los Juegos Panamericanos
II parte y final
SAN JUAN 1979
Pocas ediciones de unos Juegos Panamericanos pueden presumir de citar en sus diferentes especialidades a tantos nombres propios como la de San Juan ´79, en donde las figuras de Carl Lewis, Ana Fidelia Quirot, Mary Decker, Merlene Ottey o Greg Louganis, entre otros, ofrecieron una muestra de su indudable clase que les llevaría, años después, a ocupar un puesto de honor en el olimpo de los elegidos en el deporte.
Carl Lewis, el “Hijo del viento” quien luego lograría nueve títulos olímpicos, debutó en la competición con una medalla de bronce; la jamaiquina Merlene Ottey, campeona del mundo de 200 metros y aún en activo, bajo bandera eslovena, también “pescó” un tercer puesto en San Juan en el doble hectómetro; la cubana Quirot no quiso ser menos y consiguió la plata en el relevo 4×400; Evelyn Ashford, la mujer que dominó la velocidad mundial hasta la aparición de Florence Griffith, hizo doblete en 100 y 200.
Entre las estrellas individuales se pueden incluir la norteamericana Lynette Johnson, que copó las seis pruebas de tiro con arco en que compitió, su compatriota Cynthia Woodhead, con cinco oros en natación, o la argentina Nora Vega que acaparó cuatro títulos de los seis que consiguió su país en patinaje.
CARACAS 1983
Hasta la edición de Caracas ´83 los Juegos Panamericanos se habían enfrentado, con éxito, a dos enemigos que ponían en peligro la viabilidad del proyecto continental: la política y los problemas económicos. Sin embargo, un tercer adversario, si cabe aún más poderoso, se dio cita en la capital venezolana y amenazó con apuntillar el futuro idealizado a mediados de siglo por Brundage: el dopaje.
La aparición de sustancias prohibidas en forma de estimulantes y anabolizantes capaces de mejorar el rendimiento muscular a través de la química, acabó con la carrera de 17 deportistas que no pudieron enmascarar sus debilidades y acabaron siendo descalificados de la competición al saltar a la luz pública sus trampas.
Pese al dominio nuevamente estadounidense, los cubanos estuvieron a punto de amargarle la vida en el atletismo en donde se quedaron a tan sólo cuatro medallas de igualar el registro de sus rivales del norte. Quirot, María Caridad Colón, Maritza Marten, Silvia Costa, Leandro Peñalver o Silvio Leonard formaban parte del excelente combinado antillano que casi da la sorpresa en la capital caraqueña. Mención aparte merecer el gimnasta cubano Casimiro Suárez, el deportista más laureado de la competición panamericana con 19 medallas, que en la cita venezolana fue capaz de ganar seis oros.
INDIANÁPOLIS 1987
Los Panamericanos volvían a territorio estadounidense en la décima edición de los Juegos (tras los de Chicago en 1959), y la delegación local no dejó escapar la oportunidad para mostrar sus mejores armas y el poderío de sus deportistas.
Desde la ceremonia inaugural, celebrada por primera vez fuera de un estadio de atletismo y trasladada al mítico circuito ovalado de Indianápolis, hasta la de clausura, que contó con la participación estelar de la cubana afincada en Miami, Gloria Estefan, al frente de su grupo Miami Sound Machine.
La capital del Estado de Indiana, Indianápolis, fue la encargada de servir de aposento a la X edición de los Juegos continentales tras el rechazo primero de Santiago de Chile y de Guayaquil después, pero su organización rayó a gran altura. El número de países inscritos creció hasta los 38 y entre los 27 deportes que repartieron medallas se estrenaron el canotaje, el taekwondo y el balonmano.
Entre las primeras sobresalen el quinto y sexto título en saltos de trampolín y palanca de Greg Louganis, auténtico ídolo e icono local, en la competición panamericana, mientras que entre las segundas se encuentran las finales de baloncesto y béisbol en las que sucumbieron ante Brasil y Cuba, respectivamente.
LA HABANA 1991
Que Cuba ansiaba dar una lección más que deportiva a Estados Unidos era una realidad palpable, y el hecho de que La Habana fuera la sede de los XI Juegos Panamericanos en 1991 fue el aliado perfecto para que los antillanos lograran la proeza de superar a su rival en el medallero al lograr diez oros más que los norteamericanos.
Los quince días de competición se convirtieron en una continua reivindicación patriótica del orgullo cubano. Sus deportistas alcanzaron la categoría de héroes y los atletas de otros países que lograban vencer en sus diferentes especialidades a los estadounidenses, favoreciendo de paso los intereses cubanos en el medallero general, recibían los máximos honores y parabienes.
El hecho de que los Juegos se disputaran en “territorio enemigo” hizo que la delegación norteamericana que acudió a la cita continental no fuera la más potente sobre todo en deportes claves como el atletismo y la natación. Los cubanos, lejos de despreciar el “regalo”, explotaron más allá de sus límites sus posibilidades para evitar que el triunfo se les escapase. Javier Sotomayor, Iván Pedroso, Quirot o Félix Savón fueron algunos de los abanderados de la victoria de Cuba que, por supuesto, se tiñó de política.
MAR DEL PLATA 1995
La mejor forma de superar una pesadilla es arrasarla por encima con el mayor de los pesos posibles, y eso fue lo que hicieron los Estados Unidos tras el mal sabor de boca que les dejaron los Juegos de La Habana ´91. La ciudad de Mar del Plata fue el escenario de la XII edición de los Panamericanos en la que los argentinos supieron jugar muy bien sus cartas hasta el punto de alzarse con el cuarto puesto global en el medallero, a escasa distancia de Canadá, merced a su dominio en los deportes de equipo.
Argentina ejerció de anfitrión experimentado y se llevó los títulos de fútbol, voleibol masculino, hockey hierba (en ambas categorías) y seis de los siete que había en juego en tenis, aunque uno de los que tuvo más valor fue el de baloncesto, en donde derrotaron a los estadounidenses en una final dramática. Precisamente en este torneo se produjo una de las anécdotas más desagradables de los Juegos, ya que los componentes del equipo de Puerto Rico (entonces campeón vigente tras ganar en La Habana cuatro años antes), solicitaron una cantidad de dinero por acudir a la cita continental a su Comité Olímpico que, lejos de aceptar el chantaje, expulsó a los responsables de la sublevación, mientras que el Comité Organizador relegó a los puertorriqueños al último puesto.
WINNIPEG 1999
Si los primeros Juegos Panamericanos organizados por Winnipeg, en 1967, son recordados por la presencia del entonces joven nadador estadounidense Mark Spitz, una de las figuras más legendarias de la historia del deporte, los de 1999 lo serán por el positivo por cocaína del cubano Javier Sotomayor, plusmarquista mundial de salto de altura.
Los logros deportivos, para desgracia de los Juegos continentales, quedaron ensombrecidos por la figura ahora desacreditada de Sotomayor, campeón del mundo y olímpico, uno de los mejores atletas de todos los tiempos y un estandarte del deporte cubano, que también tuvo que sufrir en Winnipeg la deserción de siete miembros de su delegación.
El viernes 30 de julio, el saltador de Matanzas, que hasta ese momento presentaba un curriculum impoluto, se convertía en el primer deportista que ganaba cuatro títulos panamericanos consecutivos en una misma prueba de la competición de atletismo. Cinco días después, el 4 de agosto, el rumor que se escuchaba en todos los rincones de Winnipeg lo confirmó Mario Vázquez Raña, presidente de la ODEPA, en una multitudinaria conferencia de prensa.