Orlando Vásquez, el Pequeño “Hulk”, ha sido sin espacio a dudas el más grande atleta amateur de todos los tiempos en nuestro país, al ganar dos medallas de plata y cuatro de bronce. (LA PRENSA/Archivo)

Vásquez, lo máximo

El pequeño “Hulk” ganó seis medallas Edgard Tijerino M. [email protected] ¡Qué grande se ve Orlando Vásquez en la pantalla del deporte nicaragüense en el repaso de los Panamericanos!… El pequeño “Hulk”, que ha sido el ganador de seis de las nueve medallas con sabor a pinol en la historia de estos Juegos, da la impresión […]

  • El pequeño “Hulk” ganó seis medallas

Edgard Tijerino M. [email protected]

¡Qué grande se ve Orlando Vásquez en la pantalla del deporte nicaragüense en el repaso de los Panamericanos!… El pequeño “Hulk”, que ha sido el ganador de seis de las nueve medallas con sabor a pinol en la historia de estos Juegos, da la impresión de venir hacia nosotros en tercera dimensión, debidamente aumentado, mostrando su dentadura reluciente y sus impresionantes agallas.

Y deberían ser nueve sus medallas si el imprudente uso de un diurético en los Juegos de Indianápolis en 1987, no le arrebata dramáticamente las tres preseas de bronce que nos hicieron saltar de júbilo tan alto, como Javier Sotomayor en su mejor momento, superando el listón a 2.45 metros sobre el piso.

“Súper Ratón” existe, pensé cariñosamente viendo a Vásquez agigantarse en esos Juegos del 87, pero dos días después, la excitación se transformó en decepción y desembocó en lamentos, cuando el examen de orina lo condenó a salir sigilosamente por la puerta del patio, en la punta de los pies y sin las tres medallas por supuesto.

Pero el gran atleta tuvo tiempo y aliento para hacer historia contra vientos huracanados y oleajes turbulentos. Vásquez regresó impetuosamente como César cuando derrotó a Pompeyo, y conquistó tres medallas en los Panamericanos de 1991 en Cuba, agregando otras tres en 1995 cuando se realizaron en Mar del Plata.

Cuatro medallas de bronce y dos de plata. ¿Se imaginan ese esfuerzo en un nivel de competencia de tanta exigencia?

Visto desde cualquier ángulo o butaca, al revés y al derecho, de la cabeza a los pies, Vásquez ha sido lo máximo de Nicaragua en Panamericanos. Esas seis medallas parecen por ahora un reto inalcanzable.

ASÍ INICIAMOS

El deporte pinolero debutó en Juegos Panamericanos en 1951 en Buenos Aires. Ahí estaba el gran Stanley Cayasso jonroneando contra el equipo Wake Forrest que representó a Estados Unidos, en aquella victoria de nueve por ocho, pero nos quedamos a un paso del bronce conquistado por México, mientras Cuba atrapaba el oro y los norteamericanos se aferraban a la plata.

Entre 1951 y 1983, a lo largo de 32 años, los Panamericanos fueron para nosotros como un cielo sin luna, una noche sin estrellas, un futuro sin esperanzas. Cierto, se obtuvo el bronce con Ildefonso Nicaragua en 1975 durante los Juegos de México, pero fue en cierta forma casual.

Eliminados nuestros dos principales púgiles, Néstor William Obregón y Agustín Martínez, no se pensó que Ildefonso peleando en peso mediano, saliera del laberinto con una medalla de bronce. Pero lo logró.

Favorecido por el sorteo, no encontró rival en la primera ronda clasificatoria y luego venció por puntos a Ernesto Barr, de Bahamas. En un torneo que vio coronarse a Ray “Sugar” Leonard entre los welters juniors y perder a Leon Spinks en los semipesados, Ildefonso se enfrentó al argentino Ricardo Arce. El nica sufrió un corte en la ceja derecha siendo sometido a conteo frente a una embestida del argentino en el primer asalto, cuando la pelea fue detenida, provocándose una confusión. Fue entonces que se diagnosticó que el corte fue producido por un cabezazo y Arce fue descalificado.

En la pelea por avanzar a la final, Ildefonso, con el bronce asegurado, perdió con el brasileño Fernando Martín por KO en el inicio del combate. De esa forma, nuestro deporte obtuvo su primera medalla, sin provocar desbordes, sin hacer sentirnos crecidos, pero legítima más allá de los inconvenientes que la rodearon.

EL GRAN IMPACTO

En 1983, en Caracas, la Selección de béisbol, en medio de un mayúsculo alboroto, derrotando al equipo de Estados Unidos con Mark McGwire, Shawn Abner, Cory Snynder, Billy Swift y Tim Belcher, Nicaragua consiguió la medalla de plata detrás de Cuba.

Noel Areas estuvo al timón y Julio Moya funcionó como “as de espadas” del staff. Lo inolvidable: el jonrón que Julio Sánchez conectó contra Dominicana. Una imagen para ser pintada por el pincel magistral de Armando Morales.

Y en 1995, atravesando un campo minado de sufrimientos, Nicaragua volvió a conquistar la plata en el béisbol jugando en Buenos Aires. No fue fácil llegar a detectar el parpadeo de esa medalla, pero fue la segunda proporcionada por el béisbol.

En total, nueve medallas en 11 participaciones. No es una cifra como para salir corriendo desnudos del baño y gritar: ¡Miren lo que hemos logrado!, pero es la resultante de una larga suma de esfuerzos lista para resistir los embates del viento.

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