Reuters
LONDRES.- Tony Blair, que se enfrenta a lo que está tomando forma como la mayor crisis de sus seis años en el poder, lucía cansado y descompuesto cuando exhortó a los políticos y la prensa a ‘’mostrar algún respeto y moderación’’.
Sin embargo, su sombría apelación, hecha en Tokio en el inicio de un recorrido por el Este de Asia, cayó en oídos sordos en Gran Bretaña, donde la prensa se lanzó sobre un gobierno acusado de estar tan obsesionado con las relaciones públicas que costó la vida a un hombre.
“Lanzado a la muerte’’, decía el titular del tabloide de tendencia izquierdista Daily Mirror, mientras que el periódico Independent dijo que Kelly fue “una baja de guerra”.
El conservador Daily Mail no lanzó epítetos y atribuyó la responsabilidad al equipo de Blair en la calle Downing (despacho y residencia del primer ministro).
“Ayer, un empleado público tímido y decente que había sido salvajemente vapuleado y maltratado por una maquinaria maliciosa e inmoral de Downing Street murió en un atormentado y trágico fin’’.
Blair, fustigado en Gran Bretaña por la forma en que llevó al país a la guerra en Irak, lucía optimista en el vuelo hacia Tokio después de una calurosa recepción de los políticos y la prensa en Washington.
Sin embargo, todo había cambiado cuando emergió de la nave con el semblante opuesto en la capital japonesa. El momento no podía ser más desastroso, como lo describió el diario Mirror:
“Mientras Tony Blair recibía 18 ovaciones de pie en el Congreso de Estados Unidos, uno de sus principales expertos en armas de exterminio se quitaba la vida en un bosque de Oxfordshire”.
Una y otra vez, los noticieros de televisión repitieron las tomas de Kelly cuando era interrogado sin clemencia por una comisión parlamentaria que lo llamó “chivo expiatorio” del gobierno. Kelly negó haber sido la fuente anónima principal de las informaciones de la BBC.
Un miembro de la comisión, el legislador laborista Andrew Mackinlay, se disculpó el sábado por todo el estrés que hubiese podido causar su combativo interrogatorio a Kelly, cuya voz apenas subió del tono de un suspiro en la jornada.
El periodista de televisión Tom Mangold, un amigo de Kelly, ofreció su propia explicación de la muerte de un científico callado sorprendido por la atención de la prensa: “Me imagino que no pudo soportar la tormenta”.