- Comenzó con una pequeña ramada cerca del lago, donde vendía comida a las personas que mantenían algún tipo de relación comercial en la Isla de Ometepe. Luego de un tiempo, su optimismo y su pensamiento de futuro la empujaron a aventurarse en dos proyectos que si bien son su orgullo, le costaron muchas lágrimas y preocupaciones
Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL/[email protected]
Doña Norita, como cariñosamente la llaman los isleños, ha demostrado ser una mujer de armas tomar. Luego de 27 años de haber surgido de un modesto negocio de comida y de alquiler de habitaciones, tiene una historia interesante que compartir, pues ahora es la propietaria de dos hoteles y un hospedaje, ubicados en la Isla de Ometepe.
Nora Gómez Avilés, una simpática y risueña señora, comentó que hace 27 años, primero comenzó a vender comida a quien entraba al puerto, “para entonces no había turismo, sólo eran productores, comerciantes, campesinos y marinos…”.
En un local rentado cerca de la costa del Gran Lago, “comencé en una ramadita de palma de coco”. Luego de tres años de tener este negocio, decidió comprárselo a la persona que se lo alquilaba.
PRÉSTAMOS Y ENTUSIASMO
“Con pequeños préstamos, siempre con el entusiasmo de todos los días y la fe en Dios, mi negocio se convirtió en el hospedaje Moyogalpa”, afirma orgullosamente.
Pero aunque fuese cómodo mejorar este hospedaje hasta convertirlo en un excelente hotel, con muy buena ubicación, la Norita se empecinó en edificar un hotel mejorado.
“Cuando me llegó la suerte, compré el terreno que está a la par del hospedaje y pensé en construir una casa para mis hijas y madre, pero cuando estaba a medio camino la construcción, se me ocurrió hacer un hotel mejorado”.
Por siete años construyó su proyecto: el hotel Ometepetl (hace diez años atrás), por etapas y sin préstamos del banco. Cuando este hotel tenía cuatro años de funcionamiento, otro hotel más vendría a completar otra meta más de doña Nora.
ATREVIDA AUNQUE SE RECUERDEN LOS LLANTOS DE DOÑA NORA
Amanda, una de las hijas de doña Nora, confiesa que si algo hay que recordar de la construcción del tercer hotel, el Istiam, son “los llantos de doña Nora”, pues jamás se imaginaron que la suerte no estaría totalmente de su lado en este nuevo proyecto.
Comenzó a construirlo hace seis años en el lugar de “tierras planas donde se juntan las aguas”, traducción que proviene de la palabra náhuatl “Ixtlayan”, que ahora se ha simplificado a Istiam.
“Fui atrevida”, confiesa doña Nora, pues según cuenta, para construirlo tuvo que realizar un préstamo de 30 mil dólares a un banco, cantidad que al final fue mayor, debido a los intereses.
Con la llegada del huracán Mitch, su proyecto se convirtió en su mayor aflicción, pues el flujo de turistas comenzó a bajar y tenía una deuda que saldar con una entidad financiera.
“Este hotel fue mi aflicción, a tal punto que lo quise vender, pero el Ometepetl, lo subsidió en las situaciones más críticas”, refiere doña Norita.
Ahora, el Istiam, ubicado entre medio de los dos volcanes de la Isla, es una de sus mejores inversiones.
SU VIDA FAMILIAR
Ayer, el Ometepetl estuvo de fiesta, pues cumplió diez años de funcionar (aunque la fiesta se realizará el 19 de julio). En este tiempo doña Nora se ha dado a la tarea de estar innovando en este hotel, ya que considera que al visitante siempre hay que darle algo mejor.
Cuenta que trabajó desde muy niña en el campo, hasta cumplir los 25 años. Luego vendía ropa en los pueblos.
Sus hijas son: la alegre Amanda, que la acompaña siempre en el hotel; Dora, que reside en Estados Unidos; Leslie, que estudia arquitectura y sus dos varones: Léster y Luis Carlos, ambos viven en Ometepe.
Doña Nora confiesa que su mamá ha sido un elemento esencial de apoyo en su negocio, actualmente ella se hace cargo del Istiam y tiene 78 años de edad.