Mayorga merece nuestro respeto

Edgard Rodríguez C. [email protected] De nuevo, Ricardo Mayorga ha probado que cuando habla, no lo hace en términos metafóricos. El muchacho que hasta hace unos meses, era visto como un loco, capaz de emitir las frases más explosivas y comprometedoras, mientras provocaba las más diversas reacciones, ha crecido y se ha vuelto una realidad, al […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

De nuevo, Ricardo Mayorga ha probado que cuando habla, no lo hace en términos metafóricos.

El muchacho que hasta hace unos meses, era visto como un loco, capaz de emitir las frases más explosivas y comprometedoras, mientras provocaba las más diversas reacciones, ha crecido y se ha vuelto una realidad, al tiempo que penetra hondo en el sentimiento popular.

Este sábado en Las Vegas, volvimos a ver al Ricardo de carácter indoblegable, con esa estampa del tipo fajador que sale siempre a pecho descubierto, dispuesto a todo por conquistar el triunfo. Y lo consiguió, con una soberbia demostración que merece el respeto de todos.

Nadie buscaba al artista pensador, al que mueve su pincel con precisión de cirujano. En Mayorga estábamos atentos a su poder, a su valentía y a su resistencia, y pasó la prueba con formidables calificaciones, mientras disipaba las dudas que aún persistían sobre su material.

En EE.UU. le han llovido los elogios. Le han llamado desde un boxeador de espíritu libre, hasta el púgil que ha llegado a refrescar una categoría que se había desvanecido. Mayorga es un show que todos desean mirar. Ha levantado el voltaje. Da espectáculo y triunfa.

Tampoco busquemos en Mayorga a otro Roberto Durán porque no lo es. Incluso, a otro Alexis Argüello. Él es Mayorga, con su propia historia y con su propia obra. Con sus desplantes y sus actitudes a veces incomprensibles, pero finalmente es él, y debemos respetarlo.

Deberíamos admirarlo, porque sobre el ring ha hecho cosas admirables. ¿Que es muy bocón y que cae mal? Por favor. Babe Ruth era gran borracho y mujeriego, pero en EE.UU. aprendieron a apreciarlo por sus habilidades para el béisbol y hasta le consideran su símbolo.

No vamos a encontrar el atleta perfecto. Dejemos de poner el énfasis en lo negativo, en las cosas que Ricardo hace y que quizá merezcan razonables críticas. Si lo hacemos, vamos a descubrir a un boxeador que es capaz de emocionarnos y de entregarlo todo en el intento.

Vamos a descubrir a un muchacho que ha revivido la esperanza y las ilusiones, mientras impone su propia huella.

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