- Habitantes de comunidades jinoteganas piden ayuda a autoridades de salud para
combatir la leishmaniasis, la que poco a poco está terminando con sus cuerpos
Silvia González Siles/[email protected]
JINOTEGA.- Hace dos meses, cuando le salió una pequeña ronchita debajo de la rodilla izquierda, la pequeña María Mercedes nunca se imaginó que se le iba a convertir en una gran llaga que poco a poco le va comiendo la piel.
Ya no va a la escuela, su enrojecida y frágil piel, así como su famélico cuerpo muestran las huellas de la lepra de montaña, lo que hace que esta pequeña de sólo siete años mantenga un rostro pálido y triste.
Al igual que María Mercedes, al menos un centenar de niños, niñas y adolescentes de la comarca Aguas Zarcas, municipio de San José de Bocay, departamento de Jinotega, se encuentran afectados por leishmaniasis, más conocida como lepra de montaña.
Es por eso que esta comunidad está demandando desde hace varios meses al Ministerio de Salud (Minsa) se les atienda con el tratamiento adecuado para evitar que esta enfermedad, ya que temen que se les mueran sus familiares afectados.
A Griselda Sevilla, una adolescente de 14 años, desde hace seis meses le apareció una roncha dolorosa en su pie izquierdo, que le pica y se le pone la piel muy roja a tal punto que se pone en carne viva, lo que es aprovechado por chayules y mosquitos, que parecen haber encontrado un hábitat ideal.
A la madre de Griselda, doña Rosa Sevilla, se le hace difícil asistir al centro de salud, ya que para llegar necesita caminar entre 10 a15 kilómetros.
REMEDIOS CASEROS
Agregó que con “inteligencia propia” utilizan medicamentos caseros como hojas de limón, las que ponen a cocer en un litro de agua y con eso lavan las úlceras o utilizando otro tipo de hierbas, que si bien es cierto muchas veces les llega a secar en poco tiempo y se vuelven más rojizas y no se curan.
Pero en esta casa no sólo Griselda es la infortunada con lepra, sino que dos más de sus hijos, entre ellos Robertina, de diez años, a quien una llaga en su pierna derecha le carcome la piel, y Gleydi de cuatro años, quien además de tener una lesión en el rostro, también está afectada con “la llorona” o conjuntitivis.
Otro afectado con leishmanisis y de los pocos que ha acudido al centro de salud, es Álvaro Úbeda de 23 años, originario de la comunidad de Los Molejones, a quien se le observan dos granos en la parte izquierda de la cintura. Dice que primero le salieron dos ampollitas que poco a poco se le fueron poniendo más grandes, a tal punto que le impiden trabajar.
“Fíjese que hoy no pude ir a trabajar, me comenzó a arder y me da unos piquetazos como si fueran tórsalos que ando adentro y me molesta mucho, por eso me tuve que venir al centro de salud para ver que me dicen o que me dan para aliviarme”, manifestó.
LABORATORIO SATURADO POR LEISHMANIASIS
Alba Azucena Altamirano, laboratorista del Centro de Salud Ambrosio Martínez de San José de Bocay, dijo a LA PRENSA, que todos los días el 80 por ciento de los exámenes que practica en el laboratorio son “ Frotis de Leishmaniasis” para diagnosticar esta enfermedad que está afectando a casi toda la niñez de esta zona.
“Hay pacientes que pasan hasta 20 años con las llagas porque son indoloras, sólo se trataron con hojas de alguna cosa o ellos mismos se medicaron y son los que se convierten en pacientes crónicos, y hay quienes tienen leishmaniasis mucocutánea y cuando el parásito migra a la nariz, éste llega hasta la faringe y se le convierte en cáncer y muere”, manifestó.
Agregó que todo aquel paciente que tuvo un mal manejo en el tratamiento, que no se trató a tiempo o que se automedicó, sus lesiones no le quedarán bien curadas y es un candidato a que se le convierta en mucocutánea o sea que el parásito se le aloja en la fosa nasal.
Actualmente ya se han reportado unos diez casos en lo que va del año, lo que significa un incremento de un 50 por ciento más que el año pasado.
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