El ministro francés de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, estrecha la mano a su homóloga colombiana, Carolina Barco, durante una reciente visita de la Canciller latinoamericana a Francia.

Dominique de Villepin: “El problema es en qué mundo queremos vivir”

“En ningún momento se ha tratado de crear una Europa opuesta a Estados Unidos”, afirma el jefe de la diplomacia francesa. “La Europa actual representa una gran potencia económica y cultural. Ahora debe convertirse en un actor principal en la escena internacional. Y no debe hacerlo para enfrentarse a nadie sino para servir a una […]

  • “En ningún momento se ha tratado de crear una Europa opuesta a Estados Unidos”, afirma el jefe de la
    diplomacia francesa. “La Europa actual representa una gran potencia económica y cultural. Ahora debe convertirse en un actor principal en la escena internacional. Y no debe hacerlo para enfrentarse a nadie sino para servir a una gran ambición de paz y prosperidad”

PARÍS/LE FíGARO.- “Seamos conscientes de que, con la caída del Muro de Berlín, la comunidad internacional recobró su unidad y su libertad, pero que ahora debe ejercer su responsabilidad. Y debe hacerlo teniendo en mente los principios de diálogo, respeto y asociación. A este respecto, Irak debe ser una excepción, sostiene el ministro Dominique de Villepin, considerado por los medios y analistas franceses como “el delfín” del presidente Jacques Chirac.

La entrevista, con el diario conservador Le Fígaro, fue publicada el 10 de julio pasado.

Tres meses después de la caída de Bagdad, los estadounidenses siguen sin encontrar armas de destrucción masiva en Irak. Se enfrentan, además, a lo que parece ser una resistencia organizada. Le incita eso a pensar que tenía razón cuando, en nombre de Francia, se oponía a la guerra en Irak?

El problema no se plantea de esa manera. La guerra ha tenido lugar. La caída del régimen de Sadam Husein es una satisfacción. Siempre hemos sido muy conscientes de que ganar una guerra es una cosa y de que un país solo puede lograrlo. Pero siempre hemos dicho que ganar la paz sería mucho más difícil. La inestabilidad que prevalece en Irak nos preocupa a todos. En primer lugar, a las fuerzas de la coalición, pues cada día sufren más bajas en los atentados. Francia comparte la emoción y el dolor de las familias de los soldados muertos o heridos. También a la población iraquí, pues la situación en la que vive sigue siendo precaria. Por último, a la comunidad internacional que teme que pueda desarrollarse en Oriente Medio un nuevo foco de inseguridad.

¿Qué se puede hacer para devolver la estabilidad a Irak?

¿Se solucionará el problema aumentando el número de soldados en el terreno? Desde el principio, Francia está convencida de que la solución, antes de ser militar, debe ser política. Por eso creemos que es fundamental fomentar la rápida vuelta de la plena soberanía de Irak. Me alegro de la decisión de crear un Consejo de Gobierno provisional. Dentro de este contexto, los señores Vieira de Melho, el representante especial de la ONU, y Paul Bremer, el administrador estadounidense, han trabajado en la misma onda. Se avanza en el buen sentido.

¿Puede prever Francia el envío de tropas a Irak dentro del marco de una fuerza de estabilización?

No creo que el problema sea un problema de número de militares en el terreno. Lo que a mí me parece esencial es que se restaure la plena soberanía iraquí. ¿Cómo? En primer lugar, hay que acelerar el proceso político fijando fechas precisas y próximas, ya sea para la instauración de una administración iraquí provisional o para la organización de elecciones generales que desemboquen en la formación de un gobierno legítimo. También hay que lanzar la reconstrucción económica y devolver la confianza a los inversores extranjeros mediante un régimen de explotación de los recursos del país transparente. Por último, hay que adaptar el dispositivo militar y de seguridad dentro del marco del proceso político que defina la ONU.

¿A qué condiciones enviaría Francia soldados?

Para nosotros, convendría que las Naciones Unidas guiasen la transición política en Irak. Es la condición para que lo que se haga sea eficaz. De manera que cualquier eventual participación de Francia sólo podría darse dentro del marco de una Fuerza de Paz de las Naciones Unidas basada en un mandato preciso del Consejo de Seguridad y que, en consecuencia, contase con el respaldo de toda la comunidad internacional.

¿Así que es necesaria una nueva resolución además de la 1,483?

La resolución 1,483 marcó una etapa muy positiva en la búsqueda de una solución. ¿Se adapta a la situación actual? Hay que verlo. Lo que hace es organizar la fase de ocupación y no prevé ninguna Fuerza de Paz de las Naciones Unidas. Sería un tanto incoherente que Francia participase en una fuerza de coalición cuando nunca respaldó esta guerra e incluso defendió una solución alternativa basada en el desarme pacífico de Irak. Francia aboga porque las Naciones Unidas asuman la responsabilidad de la seguridad y organicen el proceso político de reconstitución de la soberanía de Irak.

Irán es un nuevo foco de preocupación para la comunidad internacional. ¿Qué esperan de Teherán?

Esperamos que Irán respete sus compromisos internacionales en materia de no proliferación y, en particular, que firme el protocolo adicional de la AIEA, llamado 93+2. Aparte de esta firma, la comunidad internacional espera que Irán garantice que no se embarcará en programas nucleares militares. La confianza nace de la transparencia.

¿Está Europa dispuesta a incrementar su presión sobre Irán si El Baradei, director de la AIEA, que se encuentra actualmente en Teherán, no ve satisfechas sus peticiones?

Europa debe asumir sus responsabilidades. Está embarcada en la negociación de un acuerdo de cooperación con Irán y debe aprovechar este diálogo para lograr que Irán respete plenamente sus obligaciones. Uno no puede quedarse de brazos cruzados frente a una situación de este tipo. Para obtener soluciones duraderas salta a la vista que la comunidad internacional necesita instrumentos que le permitan adquirir toda su credibilidad y toda su eficacia. El objetivo de la acción que emprendimos en Irak era, precisamente, el de dotarnos de un instrumento, a saber, un cuerpo de inspectores, que nos permitiera saber, verificar y garantizar que un país determinado no lleva a cabo acciones ilícitas. Esta reflexión debe continuar. Es importante que, dado el riesgo de proliferación que existe, la comunidad internacional pueda dotarse de instrumentos de este tipo.

En Oriente Próximo, el lanzamiento de la Hoja de Ruta es, por fin, una buena noticia. ¿No es así?

De Oriente Próximo llegan tres buenas noticias: la aceptación de la Hoja de Ruta, el nuevo compromiso de Estados Unidos en la región, ilustrado especialmente por la Cumbre de Aqaba, y el acuerdo entre israelíes y palestinos por una retirada progresiva, acompañado de una tregua palestina. A partir de estos tres elementos hay que crear una dinámica política pues el proceso sigue siendo extremadamente frágil.

Hablemos ahora de la Unión Europea. ¿Le inquietan de alguna manera los sobresaltados comienzos de la Presidencia italiana con la controversia surgida en torno a Silvio Berlusconi?

Esa polémica en el seno de la familia europea es muy lamentable. Ahora debemos pasar página lo antes posible para concentrarnos en lo que de verdad importa.

Hay quien reprocha a la diplomacia francesa no haber sabido calibrar las relaciones de fuerza y haber chocado frontalmente con Estados Unidos.

Es una crítica que carece de fundamento. Hemos defendido con convicción una visión y unos principios pero siempre tratando de mantener el diálogo y de multiplicar las propuestas. No olvidemos lo que estaba en juego en Irak: sí, el tema de la guerra y de la paz, por supuesto, pero sobre todo, el de las reglas y principios que deben fundamentar el nuevo orden internacional. Nosotros estamos convencidos de que debe organizarse en torno al principio de responsabilidad colectiva. Tanto en Irak como en cualquier otro lugar, creemos que esa es la condición necesaria para que la acción desarrollada por la comunidad internacional sea eficaz de forma duradera. ¿Cómo aceptar entonces que la acción preventiva se convierta en la regla en la escena internacional? A esto quiero añadir que Francia defendió su postura respetando siempre a su socio estadounidense y que la diplomacia francesa nunca se ha dejado llevar por el juego de los ataques personales.

Sí, pero Estados Unidos ha hecho “pagar” a Francia su audacia al degradar las relaciones bilaterales

No estoy nada de acuerdo con ese análisis. Por encima de las posibles discrepancias, Francia y Estados Unidos son y seguirán siendo amigos y aliados responsables. En cualquier caso, las amenazas del terrorismo y de la proliferación y el tema de la gestión de las crisis regionales son lo suficientemente importantes y urgentes como para que nuestra responsabilidad común sea trabajar juntos.

Pero quizás un poco de flexibilidad habría ayudado a las posturas de Francia.

¿Me está diciendo que podríamos haber tenido la misma postura y no haberla defendido? Francia no tiene que avergonzarse de la postura que adoptó y que, al contrario, le vale estima y consideración. Francia defendió, junto a muchos otros, el camino que consideraba más eficaz para luchar contra las grandes lacras que constituyen el terrorismo, la proliferación de las armas de destrucción masiva y el crimen organizado, o para defender los derechos humanos. Lo hizo dentro del marco de la responsabilidad colectiva, convencida de que la fuerza sólo puede usarse como último recurso.

¿No habría sido mejor haber estado algo menos aislado frente a Estados Unidos?

Le recuerdo que, durante toda esta crisis, Francia ha actuado respaldada por la mayoría de los Estados y la inmensa mayoría de los pueblos. En todo el mundo se vive una fuerte expectativa de Francia y sus posturas, tan fuerte como el nuevo compromiso de nuestro país en los asuntos de mundo. Todo esto genera un deber de iniciativa y de propuesta para contribuir a construir un nuevo orden internacional.

¿Así que no lamenta nada?

No nos equivoquemos. El problema no está entre Francia y Estados Unidos. El problema es saber en qué mundo queremos vivir. Seamos conscientes de que, con la caída del Muro de Berlín, la comunidad internacional recobró su unidad y su libertad, pero que ahora debe ejercer su responsabilidad. Y debe hacerlo teniendo en mente los principios de diálogo, respeto y asociación. A este respecto, Irak debe ser una excepción. A veces hay que saber decir claramente lo que uno piensa. A veces es necesario llegar hasta el final de sus principios. Forma parte de la cita de la Historia.

¿No se han favorecido las divisiones al dar la impresión de querer una Europa opuesta a Estados Unidos?

En ningún momento se ha tratado de crear una Europa opuesta a Estados Unidos. La Europa actual representa una gran potencia económica y cultural. Ahora debe convertirse en un actor principal en la escena internacional. Y no debe hacerlo para enfrentarse a nadie sino para servir a una gran ambición de paz y prosperidad. Y sólo puede hacerlo siendo fiel a sí misma, fortalecida por su identidad y enriquecida por su diversidad. En Europa, la crisis ha sido muy reveladora y ahora, la voluntad de progresar se afirma. Prueba de ello son el éxito de la ampliación y de la Convención sobre el futuro de Europa o incluso las operaciones de mantenimiento de la paz en Macedonia y en el Congo. En los últimos meses, nos hemos movilizado con Alemania para ayudar a Europa a franquear ciertas etapas decisivas. Ahora, todos juntos, debemos unirnos y movilizarnos.

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