A pesar de que algunos liberales solicitaban la definición de Eduardo Montealegre, el tema sucumbió, pero originó un enfrentamiento con el propio Arnoldo Alemán. (LA PRENSA/O. Miranda)

Alemán y Montealegre enfrentados

El impensable relevo de Alemán dentro del PLC pareció hacerse realidad ayer, cuando Montealegre logró dominar la convención Alemán, desde una grabación de audio, advirtió que es el trabajo partidario y no un puesto público, lo que confiere liderazgo político Eduardo Marenco yLuis Felipe [email protected] A los liberales no les quedó de otra: soportar que […]

  • El impensable relevo de Alemán
    dentro del PLC pareció hacerse
    realidad ayer, cuando Montealegre logró dominar la convención
  • Alemán, desde una grabación de audio, advirtió que es el trabajo partidario y no un puesto público, lo que confiere liderazgo político

Eduardo Marenco yLuis Felipe [email protected]

A los liberales no les quedó de otra: soportar que Eduardo Montealegre sea alto funcionario de gobierno y hombre de confianza del presidente Enrique Bolaños, el mismo que adelantó la lucha contra la corrupción que dividió las filas liberales y obligó a los arnoldistas a irse a la oposición política, y al mismo tiempo tercer vicepresidente del Partido Liberal Constitucionalista.

A pesar de la escaramuza ocurrida ayer durante la convención liberal, Montealegre se queda en el PLC y en el gobierno, al mismo tiempo que es la figura política con mejor opinión para una candidatura presidencial, según los últimos sondeos de opinión.

Montealegre fue el eje de la convención. Muchas pintas exigían la libertad de Arnoldo Alemán y el líder liberal fue vitoreado insistentemente con su ya clásico grito de guerra: “¡Arnoldo! ¡Arnoldo!”, aunque esta vez matizado: “¡Arnoldo, con poder o sin poder, seguís siendo el rey!” Pero al final se impuso la “indefinición” de Montealegre, como tema central de la convención.

ENTRE EL CARNAVAL Y EL MITIN

Desde una cartulina, un ciudadano liberal denunciaba el contubernio entre Enrique Bolaños y Daniel Ortega, mostrándolos sonrientes y abrazados. Desde otra cartulina, se exigía a Montealegre esclarecer su posición en el gobierno, sintetizado en un dilema parecido al de una canción: “O me voy o me quedo…”

Jorge Castillo Quant, presidente del PLC, fue el primero en tomar la palabra y cuestionó la actitud confrontativa del gobierno en detrimento de la unidad liberal. Los ánimos eran de carnaval, hubo números musicales, entre ellos, una danza árabe inspirada en “Jade”, la heroína de la telenovela “El Clon”.

Mientras la plana mayor del PLC presidía la mesa en la tarima, el vicepresidente José Rizo se encontraba en la llanura, en primera fila junto a los invitados especiales, entre ellos Tomás Borge.

René Herrera, secretario nacional del PLC, fustigó la ingratitud de los traidores y resaltó la unidad del liberalismo y la firmeza de los convencionales, “armadura de hierro” de la organización política, la cual dio a entender ha resistido el vendaval de la lucha contra la corrupción adelantada por Bolaños.

En su discurso, que supuestamente no estaba programado, Montealegre recordó que siempre ha sido de principios liberales, que ha demostrado su lealtad al PLC desde los tiempos en que era jefe de campaña de la última elección, la cual ganó Bolaños con catorce puntos de ventaja.

Montealegre hizo un llamado a la unidad y consideró que no era el momento para debatir su participación partidaria y su responsabilidad en el gobierno. Dijo que le faltan tareas por cumplir y que cuando esté listo se dedicará por entero al partido.

En algunos momentos, tras bambalinas, se vio a Montealegre repartir dólares a militantes liberales.

UN SÓLO SOMBRERO

Quiñónez insistió en su discurso, que no se puede andar usando dos sombreros. “O estamos defendiendo las políticas económicas equivocadas de Bolaños, o defendemos la política del pueblo, que es la del Partido Liberal Constitucionalista”, insistió.

Antes de pronunciar sus palabras, prácticamente en respuesta a las de Montealegre, hubo un rifirrafe entre Jamileth Bonilla y María Fernanda Flores de Alemán, sobre la conveniencia de pronunciarlas o no, pero al final lo hizo.

Luego de superado el tema de Montealegre, durante la convención se decidió por votación de mayoría, contabilizada “a ojo de buen cubero” con las tarjetas rojas alzadas (a favor) y amarillas (en desfavor), que cada convencional tendrá derecho a postular precandidatos a los comicios municipales y que los candidatos serán elegidos por votación secreta durante una convención.

El clímax de la convención fue cuando Alemán se pronunció vía grabación de audio, en un largo discurso en el que denunció a los lobos disfrazados de oveja, a los traidores, y lo que calificó de desastre nacional. La convención finalizó al ritmo de la Hermosa Soberana, mientras la población salía urgida para evitar un incipiente aguacero.

INVITADOS OVACIONADOS Y ABUCHEADOS

Entre pintas que exigían justicia por Arnoldo Alemán y en un ánimo de fiesta pública, en la convención liberal desfilaron invitados de toda índole. Desde Tomás Borge y Nicho Marenco que fueron saludados con aplausos al inicio, pero al final, un liberal en estado de ebriedad gritó improperios contra Marenco; hasta Salvador Talavera, en representación de la Resistencia Nicaragüense, que fue ovacionado por los convencionales.

Entre otros invitados, asistieron el contralor Guillermo Argüello Poessy, el diputado de Camino Cristiano Guillermo Osorno, el conservador Adolfo Calero, y se vio a figuras como Orlando Murillo, célebre por sus escándalos bancarios, Edgard “El Tigre” Quintana, entre otros.

Tras bambalinas, algunas personas degustaban whisky y otras tomaban cerveza. Muchos militantes andaban “encandilados” bajo los efectos del alcohol.

RIZO FUE IGNORADO

El gran perdedor de la convención liberal fue el vicepresidente José Rizo Castellón, quien no estuvo en la mesa principal y se consoló con ver “los toros de largo” desde la llanura de la tribuna, asiento de por medio con Tomás Borge. Tampoco tomó la palabra.

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