José Antonio Poveda S.
Los responsables de las políticas de salud se enfrentan a un reto difícil en el caso de la industria farmacéutica. La estrategia más eficiente para mantener el control de una amplia variedad de enfermedades infecciosas y parasitarias (y eventualmente erradicadas) se apoya, sin duda en las medidas preventivas tendientes a alcanzar condiciones adecuadas de salubridad y nutrición, así como en disponer de instalaciones básicas par el buen cuidado de la salud. Sin embargo, ante la carencia de esos requisitos ambientales, las naciones han utilizado a los productos farmacéuticos como su primera línea de defensa contra la enfermedad. Se conocen medicinas, vacunas y enfermedades que afligen a miles de nicaragüenses, pero a menudo no se pueden obtener en cantidad suficiente y su costo excede las posibilidades de quienes las necesitan.
Ante tal situación es necesario lograr un suministro adecuado de medicamentos apropiados, seguros y a pecios razonables, estimulando la producción farmacéutica nacional para asegurar el suministro, mejorar la calidad del producto y aumentar la capacidad adquisitiva en nuestro país.
La experiencia nicaragüense demuestra que los laboratorios privados pueden alcanzar un éxito significativo, una industria nacional fuerte no da por resultado, necesariamente, precios más bajos para los medicamentos. Por otra parte, todos los laboratorios pretenden ofrecer un conjunto completo y diferenciado de productos de marca.
La mayor influencia de los ministerios de Salud Pública en las prácticas de comercialización, pueden lograrse mediante el ejercicio de su autoridad durante el proceso de registro del producto, que es cuando debería definirse las condiciones de la venta, el uso y la promoción de medicamentos. En apoyo de esta actividad habría que elaborar una legislación adecuada y sistemas actualizados de regulación, en el marco de una política nacional de medicamentos. En la industria farmacéutica, las marcas registradas contribuyen a la proliferación de productos y a sus altos precios. En todas partes se acepta cada vez más el empleo de nombres genéricos internacionales. Ello ha traído como consecuencia ahorros considerables en el costo de los servicios de salud pública.
Las políticas de los ministerios de Salud Pública de América Latina y el Caribe están condicionadas por diversos parámetros, entre ellos la estructura y la dinámica de la industria farmacéutica en el mundo y el continente americano, elementos que integran cada sistema nacional de abastecimiento farmacéutico, el papel de los profesionales de la salud y de los otros sectores que participan en la elaboración y puesta en práctica de la política de los medicamentos.
Las autoridades nacionales necesitan conocer las fuerzas motrices de esta actividad para tener una base realista sobre la cual formular políticas que generen beneficios máximos para sus pueblos.
Las políticas apoyadas en las consideraciones anteriores no deberían excluir a todos los sectores involucrados, especialmente las transnacionales, son las que generan la mayor parte de las innovaciones de esta industria. Las políticas nacionales tampoco deberían limitarse al suministro de medicamentos básicos para el sector público, dado que los nuevos productos que hoy sólo están al alcance de las clases más pudientes económicamente, pueden convertirse mañana en medicamentos básicos para los programas de salud pública de amplia cobertura. La importancia potencial de dichos productos aconseja mantener una relación permanente con las Empresas Transnacionales (ET) que, idealmente, podría beneficiar tanto al sector público como al privado.
Las autoridades sanitarias nacionales y las empresas farmacéuticas mundiales funcionan conforme a lógicas diferentes y es necesario que cada parte comprenda la lógica de la otra. Un Ministerio de Salud Pública se ocupa de procurar el bienestar social de la población de su país, dentro de los límites impuestos por la situación política y por los recursos económicos de que dispone. En cambio, las ET manejan estrategias globales que abarcan a un gran número de países y de mercados terapéuticos. Por consiguiente, las necesidades de cualquier país o la importancia de un subconjunto específico de fármacos bien pueden ser marginales para una gran empresa que se preocupa en lo fundamental por la eficiencia y las utilidades en escala mundial. Si los funcionarios de la salud comprendiesen este principio de la estrategia corporativa, estarían en mejores condiciones de formular políticas viables para el sector.
El objetivo principal de un programa de medicamentos básicos debería consistir en elaborar políticas nacionales vinculadas con las necesidades y prioridades de la salud. El establecimiento de esta política mejoraría el empleo de los recursos nacionales en el sector de la salud pública.
El primer paso de esa política consiste en elaborar una lista de medicamentos básicos. La mayoría de los países de la región dispone ya de una lista para el sector público.
Una política eficaz de medicamentos es intersectorial por naturaleza. Por consiguiente, para ponerla en práctica se requiere la dirección de Ministerio de Salud Pública y la cooperación de otros ministerios (por ejemplo, Finanzas, Industria y Comercio, Asociaciones de Consumidores y Organismos Vinculados). En muchos países, el Ministerio de Salud Pública actúa fundamentalmente como asesor técnico.
El gobierno debe financiar los medicamentos destinados al sector público, es deseable que éste y el privado desempeñen papeles complementarios al aplicar la política nacional de medicamentos, incluida la producción de los básicos. Hoy en día son pocos los países que han emprendido esta producción en empresas públicas. La pauta más común es que el sector público financie el suministro de medicamentos directamente, mediante la licitación pública, licitación restringida, dependiendo del monto de acuerdo a la Ley de Contrataciones.
En los mercados farmacéuticos de América Latina y el Caribe predominan las ET, debido a su capacidad de coordinar en escala internacional su capital, tecnología, métodos modernos de administración y estrategias de comercialización.
El proceso de producción farmacéutica es sumamente complejo. La concentración de los proveedores aumenta a medida que la industria se integra hacia atrás, desde los medicamentos terminados hacia los productos químicos y las materias primas. La mayoría de los países de América Latina y el Caribe ha comenzado ya a realizar formulaciones sencillas, lo que permite ahorrar divisas y desarrollar la capacidad nacional en el sector farmacéutico y en las industrias con él vinculadas. Por ejemplo pueden lograrse ahorros significativos mediante la producción nacional de productos en gran volumen. Los países más grandes de América Latina han logrado la producción nacional de una gama casi completa de medicamentos y de un creciente número de productos químicos medicinales.
El autor es Vicedecano de la Facultad de Derecho de la UNAN León.