Edgard Rodríguez C. [email protected]
En los ochenta, se hacía mal iniciando el entrenamiento de la Preselección Nacional contra Cuba.
Los antillanos nos pegaban unas palizas que destruían potencial y anímicamente a los equipos de nuestro país. Y luego íbamos a poner la cabeza a los torneos.
Quizá el problema fue definir el momento adecuado para enfrentarlos.
Ahora, tampoco crean que es bueno comenzar con Puerto Cabezas y seguir con equipos del área centroamericana. Eso se ha hecho por razones económicas. Lo ideal sería medirse a rivales como Panamá, Puerto Rico o México, pero eso cuesta buen dinero.
Pero bien, mañana aterriza aquí el equipo de Panamá y será entonces, cuando nuestros jugadores dirán la verdad. Será cuando iniciará la fase más importante del fogueo, y los datos que de ahí se obtengan, serán los de mayor credibilidad para tomar decisiones.
Panamá viene con un equipo joven, pero de buena calidad. Sus figuras en el staff son Bievenido Cedeño, Elpidio Pinto y Miguel Pérez. Luego hay jóvenes como José Luis González y Gilberto Méndez, quienes no obstante, dominan el oficio del pitcheo.
El veterano Hipólito Ortiz y Joel Vega, son los conocidos entre los patrulleros, mientras Audes de León y José Rodríguez, destacan por su experiencia entre los infielders. Luego hay jóvenes de los que espera mucho el manager Alfonso Urquiola.
Se trata entonces, de una tropa que ha sido renovada, pero que conserva algunos referentes que le permiten tener aspiraciones en los Panamericanos de Dominicana. Buena parte de las figuras que conocíamos de ese país, juegan en distintas ligas en el mundo.
No obstante, en Panamá, donde le dan una enorme importancia a las ligas juveniles, hay material para reemplazar a quienes saltan a la pelota rentada o se incorporan a ligas independientes, como ocurre con Earl Agnoly y Luis Iglesias, quienes juegan en Canadá.
Así que desde mañana, en el Denis Martínez, se inicia la etapa más seria del fogueo pinolero, que cerrará luego con una visita a Panamá, antes de abordar el avión que los llevará a Santo Domingo, donde habrá suficientes razones para echar los restos.