Wilfredo Osorio [email protected]
Esa fuerte raza negra
madre de las razas de todo el mundo,
que inocente danzaban al son
de bongos hechos de troncos
huecos, le danzaban al amor.
Le danzaban a las alegrías,
le danzaban a sus dioses en esos días.
Y que inescrupulosos traficantes esclavizaron
de su continente africano arrancaron
y de gruesas cadenas llenaron.
Cadena de hierro, cadenas de ambición y odio,
no de cadenas de plata diamante y oro,
con la que los europeos
adornaban a sus reinas
a sus marquesas
a sus condesas
y a sus baronesas.
Pero a esa fuerte raza negra
nunca sus alegrías encadenarían
y la Costa Atlántica en Nicaragua
sería, la segunda cuna de sus alegrías
con sus palos de mayo y sus danzas garífonas,
espero un mayo llegar a Bluefields,
yo también soy bailarín,
y bailando palo de mayo
ese baile puro fuego
me siento como en el cielo
antes de morir.