Comercio internacional vs fomento interno

Leonardo Centeno [email protected] Soy de la opinión que la globalización es un fenómeno inminente, que no podemos obviar ni oponernos a ella, pero sí podemos decidir en mucho, la forma en cómo vamos a intervenir en ese ámbito; sin embargo, cuando analizamos la metodología y resultados obtenidos de cómo hemos manejado el comercio internacional en […]

Leonardo Centeno [email protected]

Soy de la opinión que la globalización es un fenómeno inminente, que no podemos obviar ni oponernos a ella, pero sí podemos decidir en mucho, la forma en cómo vamos a intervenir en ese ámbito; sin embargo, cuando analizamos la metodología y resultados obtenidos de cómo hemos manejado el comercio internacional en los últimos años, vis a vis al fomento interno a la producción de sectores priorizados y vulnerables, cualquier calificativo se nos podría ocurrir para denominarlo, menos el de coherente.

Estas dos herramientas del desarrollo (negociación internacional y fomento interno) han venido enrumbándose de forma muy independiente, operando de acuerdo a diferentes motivaciones e iniciativas, y a ratos una convirtiéndose en verdugo de la otra. Esta falta de coherencia está dejando desprotegidos una serie de sectores (puestos de trabajo) a la misma velocidad en que se negocian dichos acuerdos y con perspectivas futuras aún más devastadoras.

La pregunta de rigor que se nos ocurre es “si no estamos preparados para los tratados internacionales, específicamente el Cafta, si no tenemos mucho que ofrecer hacia fuera, pero mucho que exponer hacia adentro, ¿qué sentido tiene seguir negociando bajo este mismo esquema?”

HACIA FUERA

El entusiasmo con que algunos gobiernos de la región toman el tema de los TLC podría compararse con el efecto de la varita mágica que lo resuelve todo. En Nicaragua, la primera vez que nos embarcamos en una experiencia de este tipo con México, la varita se trocó en leño, el cual ha estado golpeando repetidamente a diferentes sectores, entre ellos a productores de carne y frijoles negros.

Todo indica que en las subsiguientes negociaciones seguiremos cometiendo los mismos errores ocurridos en la primera, el cual desde su firma ha trabajado a la perfección para los mexicanos. No así para Nicaragua, donde las experiencias negativas abundan.

No hay que olvidarse que los instrumentos de comercio internacional son sólo “herramientas” que podemos aprovechar, si hacemos las cosas bien; por sí mismas, no garantizan el desarrollo. Las estrategias de desarrollo son otras, y se ejecutan a lo interno.

HACIA DENTRO

En el tema del comercio internacional, pareciera que hay una carrera por “llegar primero” o por alcanzar algo que ni nosotros mismos tenemos claro; actuar de esta forma únicamente tendría sentido si nuestros productos y servicios fuesen lo suficientemente competitivos para “defenderse solos” en los mercados internacionales; por tanto urge ajustar todo lo que se hace en el contexto internacional al reloj del fomento interno.

El fomento interno ha estado a ratos estancado, y en la mayoría de los casos ausente, sea por la visión cortoplacista de funcionarios de turno, por falta de disponibilidad de recursos, y/o de lo organizado de un sector productivo. No así el Cafta, que camina con la rigurosidad que le provee una apretada agenda con tiempos claros y precisos.

Hacia adentro, el Inpyme, INTA, Maf-For e IDR deberían tomar el lugar de asesores principales del Gran Negociador para facilitarle información, al día de hoy, sobre qué sectores son capaces de defenderse solos a lo interno, y qué planes tienen de fomentar a otros que a mediano y largo plazo estarán igualmente preparados. Esto le sirve al Gran Negociador para que en su labor no exponga innecesariamente sectores de importancia por su generación de empleos, o por su potencial de desarrollo. De la misma forma, hacia fuera, el Gran Negociador debería tener al CEI como su consejero de cabecera indicándole oportunidades de mercado para Nicaragua.

Se requiere de una estrategia donde todo lo que se negocia hacia fuera y hacia adentro debe tener una lógica de corto (cómo estamos hoy), de mediano (cómo estaremos a un año), y de largo plazo (cómo estaremos después de cinco años). De igual manera balancear entre lo que vamos a defender compitiendo desde adentro y lo que vamos a conquistar compitiendo hacia fuera, pues hay sectores que se ajustan a uno u otro perfil.

Para la región centroamericana la situación no es tan fácil, pues hay que, simultáneamente, hacer las dos tareas antes mencionadas; a diferencia, Estados Unidos no tiene que preparar sectores, históricamente

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