- El atletismo nicaragüense sigue
terriblemente estancado debido a la falta de respaldo de las autoridades y las pocas gestiones de esta Federación
Edgard Tijerino M. [email protected]
Es, sin duda alguna, un terrible drama… El atletismo pinolero, descalzo y enclenque, trata de verse en un espejo, y no encuentra a nadie.
En un deporte en el cual las débiles marcas existentes, construidas tan difícilmente pese a su falta de significado, permanecen inalterables sobreviviendo al paso del tiempo y las embestidas del viento, todo parece tan remoto, como el remolino echando raíces en el centro del pueblo que grafica Gabo en La Hojarasca.
Y no exageramos… Atravesamos el 2002, sin poder derribar una marca nacional, como si para eso se necesitara alcanzar la dimensión de una proeza.
Seguramente el entrenador húngaro Itsvan Hidvegi, responsable del crecimiento de este deporte en Nicaragua en los años 60 y 70, antes de la pequeña pero llamativa erupción conseguida con el aporte de los cubanos en los 80, debe estar rascándose agitadamente la cabeza en el mas allá, exigiendo una explicación.
Hubo un tiempo, en que el gran pretexto de Hidvegi, fue salir del país para tumbar marcas nacionales. En eso se apoyaba para jactarse que nuestro atletismo estaba progresando, aunque la diferencia con los registros del Caribe, Panamericanos y Mundiales, se estuviera ampliando.
Ahora, eso de superar récords caseros, se ha convertido en algo tan difícil, como saltar sobre la inutilidad de los políticos en este desventurado país, habituado a moverse entre escombros.
La justificación ha descendido a “mejorar las marcas personales”,olvidándonos de las nacionales por considerarlas “muy duras de roer”, aunque deberían estar desvanecidas por su discreción y envejecimiento.
Por ejemplo, en 1968, hace 35 años, Juan Argüello corrió los 200 metros en 21 segundos con 7 décimas en la Olimpíada de México… Sólo Harold Pérez con 21.8, se ha acercado a tal cifra.
Uno se pregunta: ¿Es 21.7 una marca tan buena como para permanecer tanto tiempo fuera de alcance?… Por favor, no le busquen el mínimo significado actualmente. Cuando Juan la estableció, no había llegado la TV a color a Nicaragua y la telenovela del momento era Fallaste Corazón, con Cuco Sánchez.
Los 10 segundos con 6 décimas de Roberto Guillén, superan los 10.69 fijados por Humberto Newball en 1986, hace 17 años. Con esas marcas, no se puede tener alguna pretensión.
Fue en 1977, que un improvisado David Green registró 7 metros con 12 centímetros en salto largo, durante los Juegos C.A. realizados en San Salvador. Sorpréndanse, sólo Nelson Navarro con su brinco de 7.38, ha logrado algo mejor en el último cuarto de siglo. Si el progreso no viajara por aquí en un coche fúnebre, a esta altura, deberíamos tener algún saltador de 8 metros.
Sólo dos veces, con Carlos Aguirre y Frank Almendares, se ha podido superar la marca de 49 segundos con 13 segundos en los 400 metros establecida por Francisco Menocal en 1968… Qué pena.
Nunca un nicaragüense ha sido capaz de elevarse hasta 2 metros en impulso. Por una información equivocada, se creyó que Carlos Abaunza lo había conseguido en Montreal 76, hace 27 años, pero no ocurrió. Eso sí, con 1.92, Abaunza es dueño del mejor registro en esta especialidad.
¿Alguien de 4 metros en garrocha?… Por favor, eso ha sido Misión Imposible.
Hace unos meses, le decía a Xiomara Larios, que como está de estancado el atletismo en Nicaragua, su marca de 2:07 en los 800 metros, establecida en el inicio de los 80, permanecerá por los siglos de los siglos, sin la menor señal de fatiga.
Hasta hoy, lo mejor que ha producido el atletismo pinolero, es la medalla de plata de Donald Vélez en jabalina durante los Juegos C.A. y del Caribe realizados en Panamá en 1970. Y fue algo hasta cierto punto casual, porque Vélez, nunca volvió a acercarse a esa distancia con la vieja jabalina.
Rigoberto Calderón debe ser considerado el mejor tirador de dardos de todos los tiempos, aunque por el cambio de centro de gravedad de la nueva jabalina, evitando que la evolución de los lanzadores obligara a construir estadios más amplios, no haya podido llegar a los 72.12 de Vélez.
La actuación nica en Guatemala 86, ha sido lo más gratificante a nivel regional… Por vez primera, derrotamos el ‘tortuguismo’ y fuimos visibles en velocidad pura con Newball, Tatum, Harold Pérez y Marisol García volando sobre la pista. Me parecía mentira, pero estaba ocurriendo, así como William Aguirre se convirtió en figura destacada en los eventos de fondo, dominados por guatemaltecos y ticos desde la época de Pedrarias.
Después de los 80, volvimos a deslizarnos hacia una mediocridad que provoca escalofríos, y con ciertas excepciones como Calderón y Dalila Rugama, el Sol ha permanecido oculto.
En los deportes de tiempos y marcas, como el atletismo, es fácil medir el progreso o percatarse del estancamiento y el retroceso. Todo es preciso, y por lo tanto, no hay forma de enredarse, y mucho menos, de tratar de enredar a otros.
EL FACTOR HIDVEGI
¿Qué hubiera sido de nuestro atletismo sin el aporte de ese terco y a ratos insoportable húngaro Itsván Hidvegi?… Seguramente no estaríamos cojeando sino gateando.
Fue Hidvegi quien todos los días, desde antes de las 5 la mañana, se dedicó a preparar un pequeño pero esforzado grupo de atletas que nos sacaron de los escombros, concentrándose fundamentalmente en dominar todas las áreas de lanzamiento.
Fue Hidvegi quien contra viento y marea, sin temor al ridículo, nos involucró en eventos internacionales, incluyendo atrevidamente la competición olímpica, para atacar marcas en mejores condiciones, haciéndonos conocer el tartán y las mediciones electrónicas.
Fue Hidvegi quien demostró cómo se podían superar obstáculos y derrotar limitaciones empujando a los atletas a financiarse personalmente.
Fue ese húngaro quien con una fe capaz de mover montañas, trabajó sin desmayo buscando cómo darle forma a lo que parecía no tenerlo… ¡Qué útil sería en estos momentos!