Arlen Pérez [email protected]
Cuando Marianne Du Toit salió a caballo de Buenos Aires, Argentina, hace más de un año para realizar un recorrido hasta Estados Unidos, en busca de fondos para montar una escuela de equitación en ese país, para niños discapacitados, no se imaginó el susto que recibiría en Nicaragua al perder durante casi un día a sus corceles que representan más que un medio de transporte.
Luego de pasar por Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela, San José de Costa Rica y parte de Nicaragua, suspendió su viaje por la desaparición de Mise y Tufein (que en dialecto gálica, de Irlanda, significan “Yo” y “Tú mismo”), la yegua y el caballo que la acompañan.
A las ocho de la noche del viernes, Marianne Du Toit salió de la casa en la cual se hospedaba, situada en el kilómetro 25 Carretera Sur, portando una lámpara para cerciorarse de que su yegua y su caballo se encontraban bien. Al comprobar que todo estaba en orden regresó a dormir, pero a las seis de la mañana del sábado descubrió que Mise y Tufein habían desaparecido.
Manuel Baltodano, trabajador desde hace ocho años en la residencia, propiedad de Juan Carlos Rivas, dijo que él se levantó como todos los días a las doce de la noche para vigilar y que vio a los caballos salir y tomar la carretera hacia el sur. “Miré que iban corriendo, eran las doce y estaba lloviendo (…), escuché ruido de los perros, no avisé a nadie porque estaban dormidos y no les gusta que les golpeen”, dijo Baltodano.
LOS ENCONTRARON PASTANDO EN UN POTRERO
Los caballos fueron encontrados en un potrero que está entre Jinotepe y Santa Teresa.
Danilo Lacayo Rappaccioli quien conocía a Marianne Du Toit, le ofreció su ayuda para buscar a los animales.
Lacayo y dos de sus trabajadores realizaron la búsqueda. “Le dije a los dos trabajadores míos, vámonos a buscarlos, estos caballos van de vuelta para arriba. Llegué hasta Nandaime y no los vimos. Mis trabajadores vieron dos caballos de largo, metidos en un potrero contiguo a la carretera. Al regreso los vimos mejor y nos dimos cuenta que eran los de Marianne”, relató Lacayo.
“Los caballos son muy inteligentes, se deben haber salido sencillamente porque no querían seguir hacia delante y pensaron en regresarse”, expresó Lacayo.
La noche de la desaparición los caballos no estaban amarrados, porque nunca había sido necesario.
El portón de la residencia donde se hospedó Marianne estaba descompuesto y permanecía abierto porque no tenía pasadores para asegurarlo.
Mise, la yegua, viaja con Marianne Du Toit desde hace un año, mientras que el caballo fue comprado en Brasil hace cinco meses. Los equinos siempre están juntos y se mantienen donde está su dueña.