El debate forestal: una posible solución

Mario Torres Lezama* Gran parte de la importancia que tiene el medio ambiente en políticas económicas como en el comercio internacional, proviene del fracaso de los mercados al valorar incorrectamente los servicios que el medio ambiente provee. Los precios de los objetos comunes como los muebles, automóviles casas son fijados donde la cantidad que una […]

Mario Torres Lezama*

Gran parte de la importancia que tiene el medio ambiente en políticas económicas como en el comercio internacional, proviene del fracaso de los mercados al valorar incorrectamente los servicios que el medio ambiente provee. Los precios de los objetos comunes como los muebles, automóviles casas son fijados donde la cantidad que una persona paga por ellos equivale a la cantidad que otra persona aceptará. Pero en el Medio Ambiente ese sistema no siempre funciona mucho. Se cree que es gratis e infinito, a lo mejor tienen algún propietario pero mucha gente depende del mismo y muchas veces las mercancías ambientales son vendidas por lo que valen en el corto plazo, sin medir el valor que tienen a largo plazo cuando todavía son parte de un ecosistema.

Los bosques, tienen un impacto al clima mundial. Al ser destruidos son fuentes de gases de efecto invernadero (como producto de la fotosíntesis, secuestra CO2 y emite Oxígeno limpio). Al mismo tiempo, a través de una gestión sostenible son sumideros de dichos gases. De ahí que una de las innumerables funciones sea servir como amortiguadores del impacto que ocasiona el cambio climático global.

El árbol tiene un precio por debajo del valor real que le da la sociedad mientras el árbol permanece plantado. Pero la cantidad que le asigna el mercado aún cuando está vivo, generalmente es fijada según el precio por el cual se manifieste en una pieza de mueble de madera para después ser vendida en el mercado. Pero, la variedad de funciones de un árbol vivo en el mantenimiento del ecosistema, la protección del suelo, el secuestro de gases, la emisión de oxígeno, la estética y la recreación, sitio de hábitat, no se incluyen en el precio. Los diversos valores agregados de ese árbol, deberían ser la sumatoria totalizada de alguna manera para elevar el precio, pero no ocurre así.

Mejorar la gestión de los recursos forestales existentes involucra la introducción de mejores prácticas de gestión forestal y aprovechamiento para mejorar la capacidad del secuestro y de almacenamiento de carbono. Esto puede llevarse a cabo con inversiones que minimicen la pérdida del bosque por las acciones de reforestación, con inversiones que mantiene o mejoran el crecimiento de árboles, reducen los daños al suelo y aseguran regeneración más rápida y apropiada de los nuevos bosques. Además los bosques son mitigadores del impacto de los eventos extremos como las inundaciones o las sequías. También podría incluirse la adopción de programas de protección social con sensibilidad social, o gestión conjunta, mejorar la gestión de parques de reservas y áreas protegidas, asegurar la regeneración natural a nivel satisfactorio evitando los incendios forestales o las enfermedades como el gorgojo, adoptando instrumentos financieros que incentivo las plantaciones forestales y la conservación del bosque remanente. Ello significaría llevar a cabo prácticas de gestión sostenibles, especialmente las de protección del bosque.

Las negociaciones recientes del Protocolo de Kyoto han consagrado mucha atención a los bosques en el contexto de esta materia ambiental. Los bosques influyen en estos procesos y cumplen con una función importante en el ciclo global del carbono. Esto puede abrir el camino para que los países desarrollados inviertan en proyectos de forestación y reforestación en los países en desarrollo a cambio de unidades de reducción de emisiones de carbono que obtendrían en conformidad con el Mecanismo de desarrollo limpio, reduciendo así el costo de la implementación del Protocolo.

Aumentar la cobertura forestal a través del establecimiento de plantaciones forestales, aumenta la capacidad de los sumideros de carbono en la tierra y se convierte en un paliativo a la situación exasperante de pobreza extrema que se vive en las áreas rurales.

¿Cuál entonces sería la idea? La idea sería organizar el establecimiento de un mecanismo de pago por el servicio ambiental que genera el bosque a nivel nacional. ¿Quién paga por este servicio? La demanda internacional del mercado de las unidades de reducción de emisiones. Actualmente un certificado de reducción de emisiones es cotizado por el mercado entre tres a siete dólares. De ahí que la oportunidad de que aún la ley forestal no ha sido aprobada, ofrece ventajas para poder incidir en la creación de un mecanismo de servicios ambientales por la actividad forestal.

Tanto el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) como el Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For) están interesados pero debido a la inercia existente por factores conocidos no existe una intención congruente, sustentable y de largo plazo. Ello exige contar con procesos que favorezcan la reforestación, creen empleo y mitigue la pobreza. Ejemplo de esto sería: la creación de empleos a través de regentes forestales que actuarían como fiscales y proveedores de servicios especializados para la actividad productiva en cuestión, ello también implicaría que un productor podría diversificar su actividad agropecuaria y transitar a sistemas agrosilvopecuarios más acordes con la actualidad. Se aumentaría la cobertura vegetal existente, se modificaría el esquema bancario pues se adoptarían a los árboles como prendas crediticias, etc.

Por supuesto que producir árboles tiene la intención de satisfacer la demanda en el mercado de la madera, la venta del servicio ambiental que genera aparece como un valor agregado que tiene costos y que el mercado del carbono puede pagar por dicha actividad. Reemplazar la biomasa como materia prima dendroenergética es una función importante del sector forestal. En Nicaragua el principal renglón de la generación primaria de energía radica en la leña, porque más de la mitad de la población ocupa leña por ser más barata, sin embargo, dicha fuente de obtención viene de sistemas no sostenibles: roza, tumba, quema, enrolla y comercializa, siendo el ciclo por ejemplo del carbón. La creación de plantaciones forestales para satisfacer la demanda de este segmento es inmensamente grande, porque puede aliviar la tarea de recolección de madera, utilizar gran cantidad de dinero en la recolección y esfuerzo.

Entonces la idea consiste en crear un sistema que podría percibir financiamiento que luego se trasladaría como incentivo a los que de una u otra forma conservan, reforestan, incorporan nuevas prácticas amigables al ambiente e incrementan la cobertura vegetal: un mecanismo financiero que sería sostenible mediante un sistema de compra y venta de los servicios inherentes que ofrece el bosque. Recordemos que existe el cluster forestal y el mismo está llamado a ser factor de reducción de la pobreza y por otro lado convertirse en instrumento de crecimiento y desarrollo económico. Entonces ¿por qué no hacerlo? ¿Qué razones impiden la puesta en marcha de un mecanismo de venta de servicios ambientales por el bosque?

* El autor es consultor en Medio Ambiente y Desarrollo.
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