- Intur aprovecha fiestas patronales de Jinotega para introducir este detalle olvidado hace muchos años
Silvia González Siles/[email protected]
JINOTEGA.- Las fiestas patronales de Jinotega, en honor a San Juan Bautista, estuvieron impregnadas del rescate cultural de las famosas Noches jinoteganas, las que datan desde el Siglo XIX y que desde la década de 1950 no se habían vuelto a celebrar.
Para el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), integrar este elemento a la celebración de estas fiestas en Jinotega, es valioso para fomentar el turismo nacional y extranjero.
Además de este elemento, las fiestas cuentan con la tradición y fervor religioso de los campesinos, quienes asistieron masivamente, desde tempranas horas de la mañana de ayer para participar en la solemne eucaristía presidida por el obispo, monseñor Pedro Vílchez, en la Iglesia Catedral de San Juan.
En medio de mucho regocijo y fervor religioso, la feligresía cargó la imagen del santo para llevarlo en procesión por las principales calles de la ciudad, acompañado de música y del estruendo de bombas y cohetes, para darle realce a las actividades religiosas. Luego, un centenar de niños y niñas celebraron sus primeras comuniones y otros fueron bautizados y confirmados.
INTUR ASUME COORDINACIÓN
Las damas voluntarias de la Cruz Roja Nicaragüense aprovecharon para montar un bazar frente a la iglesia, donde la mayor parte de la gente del campo aprovechó para comprar artículos a buen precio.
A diferencia de otros años, cuando la Iglesia Católica ha sido la única protagonista de las actividades, este año, el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), en coordinación con la Alcaldía de Jinotega, realizó el montaje de las Noches jinoteganas, donde los artistas deleitaron a la concurrencia con lindas melodías, poleas y mazurcas, de acuerdo con sus repertorios.
Hasta la década de los años 50 del siglo pasado, a las fiestas del patrono de Jinotega se les dio cierta solemnidad en honor a San Juan Bautista. Para entonces, después de la tradicional misa, por la noche tenía efecto una fiesta en la plazoleta que existía frente al templo parroquial. También era costumbre efectuar carreras de caballos, en las que los jinetes intentaban cortarle la cabeza a un gallo. Estas tradiciones se fueron perdiendo y, ahora, la fiesta se ha convertido en una actividad meramente religiosa.