Otro reto para Benard

Edgard Rodríguez C. [email protected] Aprendí a admirar a Marvin Benard porque me resultó admirable. Quizá porque descubrí en él, la emoción sincera del deporte, a menudo disipada por su expresión comercial. En Benard pude percibir que los chicos buenos no siempre son últimos, como a menudo se cree. Y confirmé mi visión, de que el […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Aprendí a admirar a Marvin Benard porque me resultó admirable.

Quizá porque descubrí en él, la emoción sincera del deporte, a menudo disipada por su expresión comercial.

En Benard pude percibir que los chicos buenos no siempre son últimos, como a menudo se cree. Y confirmé mi visión, de que el dinero no te cambia, sólo te hace mostrar lo que ocultás dentro.

Benard vino atrasado a esta generación, en la que los deportistas están más preocupados por sus cuentas en el banco, que por su entrega en el terreno, más allá de lo discutible de su talento.

En Marvin he visto personificada la humildad, que no es sino, la verdad más sincera que un ser humano puede tener. La que sale del corazón y no producto del cálculo.

Y lo he visto tumbando pronósticos.

Se le firmó por mil dólares, tras ser seleccionado en la ronda 50 del draft de 1990, después de 1,291 jugadores. Se pensó que no llegaría a las Mayores y lo hizo.

Y una vez arriba, se pensó que no se sostendría, pero lo ha logrado a través de nueve años, en una carrera de altos y bajos, pero de consistente entrega a su trabajo.

Durante este tiempo, no descubrí diferencias entre el Benard que no ganaba 100 mil dólares al año y éste de 4.2 millones ahora.

Y justo, cuando trataba de apretar más, aparecieron las lesiones. Primero una dificultad en la vista y luego en una rodilla. Después en la otra y ahora en la anterior.

El asunto es que esta semana, Marvin deberá ser operado por tercera vez en un lapso menor a un año. Y lo más grave, es que quizá no pueda volver a jugar, de acuerdo a lo que le han indicado.

Quizá eso explique su entrega total en cada inning que juega. Está claro que nunca se sabe cuándo será el último. A lo mejor ese momento no llega aún, pero parece estar próximo y eso lo sabe Benard.

Pero lo más importante, es que siempre trató de jugar lo más fuerte que ha podido. Eso ha sido admirable.  

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