El chance de Oviedo

Edgard Rodríguez C. [email protected] Cuando Juan Oviedo hijo fue llevado al Chinandega, Argelio Córdova esperaba encontrar en él, un material similar al de su padre, aquel potente lanzador que brilló con la tropa occidental en la década de los años setenta. Y lo tenía, aunque desde la perspectiva ofensiva. Alto y fuerte, el chavalo reunía […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Cuando Juan Oviedo hijo fue llevado al Chinandega, Argelio Córdova esperaba encontrar en él, un material similar al de su padre, aquel potente lanzador que brilló con la tropa occidental en la década de los años setenta.

Y lo tenía, aunque desde la perspectiva ofensiva.

Alto y fuerte, el chavalo reunía buena cuota de agresividad y un poder ocasional, que encantó a los técnicos. Se ganó un puesto en el equipo y no tardó mucho en proyectar destellos del brillo que Argelio supuso podía alcanzar.

Pero tampoco tardó en enseñar otros materiales. Se mostró siempre como una persona tosca y ruda en su trato con los demás. Difícil para someterse al régimen disciplinario del equipo y no hubo de otra que prescindir de él.

El chavalo, que ya no lo era tanto, comenzó un “tour” por todos los equipos de la liga. Así fue que se le vio en León, en el Norte, San Fernando, Rivas y Bóer. Y en todos los casos, se fue dejando puertas cerradas.

“Es muy conflictivo”, dijo en un momento Carlos Estrada, en una opinión que sin duda recogía el sentir de todos en nuestro béisbol. Y quizá lo peor, es que objetivamente, Juan no era nada del otro mundo. Era un jugador más.

Es más, aún cuando fue clave en la coronación del Bóer en el 2002 ante Chinandega, la tribu no vaciló en dejarlo libre. Y apareció en Rivas, donde jugó al crédito. Pero justo en ese momento, ya se gestaba la transformación de Juan.

Hoy día, Oviedo no sólo es una persona distinta, sino también, un destacado jugador en el que se han posado muchas miradas de esperanza. Y se le ha encomendado el reto, de tapar el hueco que ha dejado en tercera Henry Roa.

Y ¿saben qué? Oviedo podrá hacerlo. Su defensa se ha tornado segura y su bate es el más agitado en la Preselección. Así que de forma casi milagrosa, el tipo difícil, del que nadie quería saber, es ahora pieza esencial y una persona apreciable en el equipo.

“Todo se lo debo a Dios”, me dijo. Y yo le creo.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí