Edgard Rodríguez C. [email protected]
Aún cuando el 30 de marzo del año 2002, había destronado por la vía del nocaut en tres asaltos, al hasta entonces monarca welter de la AMB, Andrew Lewis, el nicaragüense Ricardo Mayorga seguía convertido en un púgil desconocido.
Y así fue tratado de frente a su combate contra el norteamericano Vernon Forrest, quien inició el presente año, convertido en el mejor pugilista del 2002 en su país. Por tanto, se le dio una bolsa ridícula y se le dejó amarrado con una revancha.
Forrest nunca pensó que perdería ante Mayorga, pero inteligentemente, decidió asegurarse “por si las moscas”. Era el favorito y con amplio margen, pero también estaba consciente que perder es siempre una posibilidad latente en el boxeo.
¿Por qué habría que negarle ese derecho a Mayorga? Ahora es el Campeón. Las más connotadas revistas lo han puesto en sus portadas y sus acciones subieron. Expertos han dicho que su arribo a la cima, ha refrescado a la división welter.
Mayorga cree que vencerá a Forrest, y gran parte de los nicaragüenses, entre los que me incluyo, también lo creemos. Pero como he dicho antes, perder es siempre una posibilidad ahí a la orilla. Así que hace bien en tratar de asegurarse.
Ahora, de no poder concretarse el acuerdo para una revancha, Ricardo quiere que se le suba a su bolsa, que por ahora, está distante del millón de dólares, y que quedará más raquítica, cuando le dé su parte a Don King, Cal King y a los entrenadores.
Está bien que para el combate anterior se le hayan dado menos de 500 mil dólares, pero ahora es el chavalo de la película y hace bien al exigir, porque otros saldrán bien cargados de un combate en el que Mayorga es quien más se expone.
Pablo Fletes, mi compañero aquí en LA PRENSA, me ha dicho que captó desilusión en la voz de Mayorga. Y todos sabemos quién la ha provocado, pese a que Ricardo, puso a Don King casi al nivel de Dios. Al menos ahora se ha desengañado.
Esta vez Mayorga no es un desconocido, es el Campeón.