- Siempre se le ve tras bambalinas, pero llama la atención su porte y elegancia, pero al hablar con ella el interés por su persona se multiplica al escuchar su experiencia en el tema de las negociaciones comerciales internacionales. Hoy está en Honduras, al frente de la mesa de Acceso a Mercados en las negociaciones donde Centroamérica se juega el TLC con Estados Unidos
Gustavo Ortega Campos [email protected]
Sin duda es la elegancia personalizada, aunque ella asegura que le dedica menos tiempo al arreglo personal, del que la gente se imagina. Se trata de Alicia Mártin, una española, criada en Suiza y por esas cosas del amor, llegada a Nicaragua, donde ya tiene 22 años de estar establecida permanentemente.
Es considerada toda una eminencia en el tema de negociaciones comerciales, con 33 años de experiencia, especialidad que requiere de mucha pericia, paciencia y quizás un poco de malicia. Ha trabajado con cuatro gobiernos y en todos ha logrado reconocimientos por su trabajo, ella explica que trabaja en asuntos de Estado y no de gobierno, por lo que no le pone mucha importancia al partido político que está al frente del Ejecutivo, “pues siempre en mi trabajo pienso en Nicaragua”.
En todos estos años de experiencia, dice recordar con especial particularidad a cuatro de sus tantos “jefes” que han estado al frente del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, antes de Economía y Desarrollo y mucho antes, ministerio de Planificación, se trata de Mario Arana (actual ministro), Norman Caldera, hoy canciller de la República, y de Luis Carrión y Alejandro Martínez Cuenca, funcionarios del gobierno sandinista.
Muy jovial, jocosa y extrovertida, aunque a primera vista, tiene el impecable porte europeo e intelectual que podría amilanar a cualquiera.
Con cuatro hijos y 11 nietos, esta española de 64 años, recuerda entre risas y nostalgias su niñez, compartida con un padre republicano casi socialista y una madre admiradora ferviente de la monarquía, antagonismo que asegura fue el cimiento de su apertura intelectual y política.
Sus orígenes, hablemos de ellos….
“Yo nazco durante la Segunda Guerra mundial en un hogar donde mi padre era republicano, estaba ligado a la política, era secretario especial del ministro de Finanzas, Indalecio Prieto y mi madre era monarquista. Desde la niñez estoy ligada a un ambiente muy abierto y democrático, eso ha marcado mi vida, pero también a un mundo muy idealista por influencias de mi padre que era un socialista soñador y que al final tuvo que salir al exilio”.
Aquí Mártin recuerda con muy buena memoria su llegada a Suiza cuando tenía ocho años, donde vivió hasta el momento en que el amor tocó sus puertas en la persona de un nicaragüense, Constantino Pereira, con quien procreó cuatro hijos.
¿Cómo conoció a ese nica?
“Durante mis estudios universitarios conocí a ese nica y me casé con él, como siempre es difícil aceptar para los padres que su única hija (sólo tiene un hermano) se case con un extranjero y se vaya a vivir fuera del país.
“Ya casada mi marido y yo nos fuimos a vivir a Alemania, para seguir estudios de doctorado, él en Economía y yo en Sociología, luego nos venimos a Nicaragua en 1964, ya teníamos a nuestra primer hija y pasamos cuatro años por acá donde nacen tres hijos más”.
Pero esa estadía en Nicaragua duró sólo cuatro años, pues Pereira, de quien ahora está divorciada, buscó nuevamente el exilio por diferencias políticas del régimen somocista, regresando todos a Suiza, donde Mártin decidió dejar a un lado la posibilidad de estudiar un doctorado en Derecho Internacional.
¿Qué le impidió seguir estudiando?
“Pues decidí empezar a trabajar y pienso de inmediato en la UNCTAD (Tratado de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Comercio) y el GATT (Tratado General sobre Aranceles y Comercio), me presento a un concurso en el GATT y gano el puesto en 1970 y trabajo ahí hasta 1981, tengo una carrera muy exitosa, fui la mujer que hizo la carrera más rápida en esta organización hasta que renuncié para venir a Nicaragua”.
¿Renunció en medio del éxito?
“Mirá, esa es una decisión que se debió a una decisión familiar, yo era de las pocas mujeres y funcionarios con contrato permanente, en el sistema de las Naciones Unidas, los contratos son generalmente temporales, se van renovando. Nadie nunca entendió por qué renunciaba. Además tenía la posibilidad de retirarme a los 55 años con una pensión completa”.
Por eso me intriga saber por qué lo hizo….
“Pues el motivo fueron mis hijos, ellos querían regresar a Nicaragua, yo me había separado desde 1978 y divorciada en el 80, pero en el hogar se mantuvo un amor muy grande a Nicaragua, de modo que cuando estás en el exilio, aunque es un exilio dorado, pues teníamos una vida cómoda y nuestros hijos se desarrollaron en el mejor ambiente, el padre de mis hijos regresa con el triunfo de la revolución sandinista y mis hijos deciden regresar”.
¿Se arrepiente?
“No me arrepiento, me encanta haberlo hecho, si lo tuviera que volver a hacer, lo hago”.
¿Desde ese momento empieza a trabajar con el gobierno?
“Sí, me vine a trabajar en mi campo e inmediatamente me integro a la política comercial y sobre todo a los organismos internacionales de tipo económico: Organización Internacional del Café, la Internacional del Azúcar, obviamente la UNCTAD y sobre todo el GATT”.
Me imagino que debió ser interesante la experiencia de trabajar en temas de comercio sin trabas en nombre de un gobierno que tenía una economía planificada y todo le pertenecía al Estado…
“En 1983 yo participé en el GATT para analizar el cierre de cuotas de azúcar que Estados Unidos le hizo a Nicaragua, ahí nosotros pusimos un panel (instancia para decidir una solución). Debo decirte que esa etapa fue extraordinariamente enriquecedora, en los organismos internacionales Nicaragua siempre actuó de una manera muy profesional, a mí me tocaban los organismos económicos, yo no estaba negociando. Digamos nada a nivel bilateral, entonces éramos un país más donde defiendes intereses de Estado y no de gobierno y tal vez eso es una de las cosas más interesantes y por eso creo que he podido seguir en todos los gobiernos, pues siempre he visto a Nicaragua como un Estado, se hace una política de Estado y le das continuidad”.
¿Usted cree que se ha mantenido esa política de Estado en estos 22 años?
“Yo siempre la he enfocado así, pese a los gobiernos que han pasado y en realidad he sido muy cuidadosa de los precedentes”.
¿Cuál ha sido su momento más tenso en su profesión, hay alguna experiencia que le haya puesto el corazón en la garganta?
“Sí, sí, sin duda alguna. Fueron las discusiones sobre el embargo (de Estados contra Nicaragua) en el GATT, era muy difícil mantenerlo alejado de la política, recuerda que se creó el Grupo de Contadora, el Grupo de Río, que estaban involucrados, entonces cuando se presentó una propuesta del Grupo de Río en el GATT, esto creó una tensión extraordinariamente grande. En la Secretaría del GATT dijeron que nunca habían tenido situaciones tan tensas”.
¿Y cuál fue esa propuesta?
“Mirá, nosotros queríamos llegar a una votación sobre si otros países podían darnos preferencias arancelarias en compensación al embargo y obviamente eso creó grandes tensiones”.
Pero hablar con este personaje y no abordar el tema del cuido personal y la elegancia que refleja en su siempre circunspecto cabello y distinguido vestir, era desperdiciar una oportunidad dorada.
¿Qué tanto tiempo dedica usted al cuido de su imagen?
“Le dedico mucho menos tiempo de lo que la gente piensa y para mí (cuidar su imagen) es un respeto hacia el prójimo y hacia mí, nunca me vas a ver salir a la calle desarreglada, es algo que no entra dentro de mi concepción”.
¿Será parte de la influencia europea?
“Es una cuestión realmente cultural”.
¿Usted ha visto desfilar a decenas de ministros, sus jefes, con quién ha hecho más “química?”.
“Es muy difícil responder esta pregunta, uno se encariña con la gente que uno trabaja y por razones diferentes, te podés encariñar por admiración, por la personalidad, por la rectitud, en fin hay miles de cosas. Creo que he tenido buenas relaciones con el actual ministro Mario Arana, el ahora canciller Norman Caldera y recuerdo muy bien la inteligencia de Alejandro Martínez, pese a que muchas veces tuvimos posiciones encontradas y Luis Carrión, quien empezó el asunto de la liberalización comercial. Pero recordá que son relaciones de trabajo”.
¿Cuál es su mayor defecto?
“Exijo mucho de los demás pero me exijo más a mí misma, soy perfeccionista, reconozco que es una cualidad y un defecto, me gusta trabajar en equipo pero difícilmente delego totalmente en otra persona, me gusta vigilar, pues creo que el control de calidad lo tenés que hacer a lo largo del proceso”.
CUATRO EN CUATRO
Esta dama, del comercio internacional, ha tenido pericia en casi todo lo que se propone, ella misma confiesa que tuvo sus cuatro hijos en cuatro años y ocho meses.
Hoy en día, tienen edades que rondan entre los 35 y 40 años, dos varones y dos mujeres. Entre risas comenta que “son muy, pero muy cercanos (en edad)”.
Uno de sus hijos participó en el conflicto bélico de la década de 1980 en un Batallón de Lucha Irregular (BLI), a pesar de que su padre era un reconocido opositor a la ideología del gobierno de turno.
Alicia Mártin está nuevamente casada con un empresario y disfruta del arte en todas sus expresiones.
Es políglota y se considera una “latinoamericana” y asegura que todos sus pretendientes han sido de este lado del mundo.
El embargo de EE.UU.
Alicia Mártin, a mediados de los años 1980 formó parte del equipo negociador por Nicaragua, para resolver el embargo económico impuesto por los Estados Unidos. “Éramos conscientes de que eso iba a sentar un precedente porque nunca se había logrado un panel por un tema tan sensitivo como era la seguridad nacional”.
Esta especialista aclara que no le correspondió discutir el aspecto político que fue ventilado en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, donde se logró un fallo favorable para Nicaragua, pero que nunca se reclamó por decisión del gobierno de Violeta Chamorro.
Estados Unidos debió pagarle a Nicaragua 17,000 millones de dólares por todos los daños y perjuicios provocados.
“En esas negociaciones en las que yo participé se creó jurisprudencia. Nosotros nunca aceptamos el informe, pues no tenía recomendaciones y un panel debe resolver en base a esas recomendaciones. Creamos precedente al rechazarlo pero es un caso que quedó inconcluso”.
Dos décadas después Mártin estima que en este caso estaban muy claras la violaciones al Derecho Internacional y al Derecho Comercial.