Edgard Rodríguez C. [email protected]
Diversos estudios, entre ellos una encuesta de la empresa M & R Consultores, han revelado el creciente entusiasmo por el fútbol en nuestro país.
A este fenómeno, ha contribuido la difusión del fútbol europeo, que por razones de horario, llega en la tarde, tiempo pico en el que niños y jóvenes ven televisión.
Se trata entonces, de un entusiasmo no generado por nuestro balompié, que batalla, aunque aún sin éxito, por escapar de la mediocridad.
No obstante, aún cuando el origen de esa atracción sea externo, sería ridículo negar que la preferencia por el fútbol va en ascenso.
Esos mismos análisis, señalan también que el béisbol aún sobrevive como el deporte más popular de nuestro país, y con holgada ventaja, sobre el que más se le acerca, que es precisamente el fútbol.
El béisbol tiene además otra ventaja y es que, en términos objetivos, es el único deporte colectivo con cierto nivel de competencia internacional.
¿En qué otro deporte, somos capaces de avanzar a un cuarto puesto en una olimpiada o ubicarnos entre los ocho primeros en un Mundial?
¿Que tiene muchas fallas? Es cierto. Muchísimas. El béisbol necesita un replanteo total, desde la cabeza hasta los pies. Es un béisbol sin plan, que persiste gracias al entusiasmo que aún genera en activistas y ciertos directivos.
No obstante, ese entusiasmo no alcanza para cubrir las necesidades de la Selección Nacional, que en esta ocasión, se prepara para participar en los Juegos Panamericanos de República Dominicana.
La crisis que afecta al equipo es dramática. La semana pasada se detuvo un juego interescuadra por falta de pelotas, y ayer, se jugó con implementos prestados por el Bóer del béisbol Especial.
Da la impresión que a nadie le importa la Selección. Ni al gobierno, ni a la empresa privada. Es más, hasta ahora ha sobrevivido por el respaldo de William Báez, de quien se dice, anda en campaña.
Supongamos que así sea, pero lo está haciendo. Lo peor es no hacer nada por el mejor equipo de nuestro país.