Sofía Orozco
Como colombiana me sentí emocionada y agradecida con Eduardo Marenco al leer su artículo sobre Bogotá (“Aprender de Bogotá”, LA PRENSA viernes 6 de junio). Es la primera vez que un periodista de Nicaragua se refiere a mi país en esos términos (por demás objetivos y con conocimiento de causa, porque aclara que vivió en Bogotá) dejando de lado el estigma permanente que nos persigue e impide que el mundo vea que más allá de los problemas de narcotráfico y guerrilla, Colombia es un país con recursos valiosos y seres humanos sorprendentes, luchadores y con profundos deseos de sacar al país adelante.
Muchas gracias por contribuir con sus letras a fomentar la paz. Artículos como éste reivindican las ideas de amistad y cooperación que deben existir entre países hermanos y ayudan a detenernos un poco a pensar si no sería mejor aprender mutuamente de las cosas buenas que podamos ofrecernos entre las naciones, antes que gastar el tiempo en fomentar rencillas por años y años que finalmente terminan generando más violencia.