Edgard Rodríguez C. [email protected]
Si hay algo en lo que los expertos del boxeo coinciden, es en situar al panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán como el mejor pugilista latinoamericano de todos los tiempos. La dificultad es determinar quién le sigue.
Y los candidatos para ese segundo puesto, van desde el azteca Julio César Chávez y el argentino Carlos Monzón, hasta nuestro Alexis Argüello, cuyas historias salpicadas de sudor y sangre, aún logran crisparnos.
A Durán, quien se coronó cuatro veces monarca mundial, y dejó un reguero de víctimas a través de una carrera que inició en 1968 y se prolongó hasta el 2001, vamos a tenerlo en nuestro país a partir de hoy.
Bueno, al menos así es como lo ha anunciado “Boxin Star’s Promotions”, que lo presentará como su invitado especial en la celebración de su cuarto aniversario.
Antes esperamos también a Sammy Sosa, Oscar de la Hoya, Mariano Rivera, Elton John y Gloria Estefan pero no vinieron. Ojalá con Durán no sea una historia similar.
Durán desgastó un poco su imagen, al extender demasiado su carrera, que se detuvo debido a un accidente automovilístico. De lo contrario, a lo mejor aún estaría sobre un entarimado.
No obstante, nada invalida la brillantez de un púgil que fue un verdadero “asesino” en los pesos ligeros y welters, para ceder después, aún cuando se coronó en 154 y 160 libras, con lo que coleccionó cuatro títulos.
Durán se coronó por primera vez en 1972, tras noquear a Ken Buchanan (135) y tras realizar más de 13 defensas, saltó a las 147 libras a propinarle el primer revés a “Sugar” Ray Leonard. Luego despojó a Davey Moore (154) y Iran Berkley (160).
Ahora que podría estar entre nosotros, quizá valdría la pena verlo como lo que fue, como un púgil enorme y consumado, y no como el hombre de innumerables errores, algo así como los estadounidenses ven a Babe Ruth, el símbolo del béisbol, pese a que fue borracho y mujeriego.