Edgard Rodríguez C. [email protected]
Wilton Guerrero, joven segunda base de los Dodgers, parecía camino al estrellato en aquel 1997.
Guerrero había bateado .300 por lo general en las Menores, y se pensó que llevaría a seis la racha de jugadores Dodgers con títulos de Novato del Año, iniciada por Eric Karros en 1992.
Sin embargo, el primero de junio de 1997 se quiso pasar de listo y le metió corcho al bate. Tras el contacto con la bola, el madero se partió en varios pedazos, y fue curiosa la desesperación con que Wilton fue a recoger los trozos. Pero la evidencia estaba ahí y fue suspendido por 8 juegos.
Sammy Sosa no tuvo chance de ir a recoger el bate el pasado martes, tras sacar rola a segunda. El umpire Tim McClelland estaba a la expectativa, como cuando acusó a George Brett de colocarle mucha resina a su bate en 1983, y retuvo la prueba, mientras expulsaba al dominicano.
Luego vino la controversia que aún sigue firme y a la espera de una apelación admitida. Sosa se ha mantenido jugando, pero no ha sido fácil sobrellevar el asunto, aun con la firmeza temperamental que siempre ha mostrado. De hecho, este último año ha sido uno muy difícil para Sammy.
No obstante, el día que más se irritó fue el 27 de junio del año pasado. Rick Reilly, reportero de la revista Sport Illustrated, le entregó una tarjeta en la que aparecía la dirección de un laboratorio en el que se podía ir a hacer exámenes de orina y sangre, para demostrar que no usaba esteroides.
“¿Quién eres tú, mi padre?”, ripostó Sosa. Reilly dijo que las pruebas mejorarían su imagen y legitimarían sus logros. Sin embargo, el origen de la actitud de Reilly fue que Sosa indicó que estaría de primero en la fila si había necesidad de pasar cualquier test antidoping.
Luego vino el bolazo de Salomón Torres que le partió su caso el pasado 20 de abril, una cirugía menor para extraerle un uñero el 9 de mayo, y el bate encorchado del pasado 3 de junio, que lo ha colocado bajo una tormenta.
No ha sido fácil.