Tiempo de Fulgor

Angélica Martínez [email protected] Leer y leer bien, es una actividad que requiere un mínimo de esfuerzo y disciplina mental. Basta con saber manejar los signos gramaticales que le dan entonación y vuelven “sabrosa” la lectura. ¿Por qué les recuerdo esto? Por una sencilla razón: la mala ejecución de la lectura es la responsable de que […]

Angélica Martínez [email protected]

Leer y leer bien, es una actividad que requiere un mínimo de esfuerzo y disciplina mental. Basta con saber manejar los signos gramaticales que le dan entonación y vuelven “sabrosa” la lectura. ¿Por qué les recuerdo esto? Por una sencilla razón: la mala ejecución de la lectura es la responsable de que los libros nos causen salpullido y que nos parezca un castigo cada vez que en la escuela nos mandan a leer alguno.

En la mayoría de los casos leemos por inercia (como carreta en bajada, diría uno de mis profesores de español) y en la “huida” perdemos lo mejor de leer: la formación de imágenes, la transportación en el tiempo…

Tiempo de Fulgor de Sergio Ramírez Mercado comienza a intrigarnos desde el inicio. Aparentemente, la frase se refiere al ambiente que se vive en Semana Santa, tiempo de calor, de sol resplandeciente… pero también es una metáfora utilizada por el escritor para indicar la opulencia y los mejores tiempos que vivió una familia de León.

A medida que avanzamos en las páginas de esta novela, cada capítulo se nos figura en la mente cual pieza de un enorme rompecabezas que una vez armado, al final deja la extraña sensación de haber visto una película cuyo trasfondo es… eso les queda de tarea.

Sólo les diré que Sergio Ramírez mezcla realidad y fantasía, mientras narra la vida de una familia que describe a la perfección y por eso queda la duda: ¿existieron en verdad Glauco María Mendiola y Aurora Contreras, y todos los demás Contreras y Mendiola? Imaginemos que sí. Y como dije al principio, es cuestión de poner un poco de disciplina.  

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