Edgard Rodríguez [email protected]
En la vida, todos hemos hecho cosas de las cuales no estamos orgullosos. Sin embargo, alguien ha dicho, que cuando se pierde el honor, no queda nada más que perder.
Para Sosa, una de esas “cosas” ha sido una porción de corcho dentro de uno de sus bates.
Este jugador, que se volvió la fuerza más devastadora del béisbol en los últimos cinco años, está ahora en el banquillo de los acusados y espera ser sancionado.
No se necesita ser científico para percatarse del poder de Sosa, quien eslabonó una hilera de tres campañas con 60 o más jonrones, pero ahora, es descubierto haciendo trampa.
Sosa le metió corcho a su bate, lo que quedó al descubierto al partirse en el juego del martes ante Tampa Bay. Él asegura que se equivocó de bate y que nunca más lo ha hecho.
Aquí el punto, es que hay un acto ilícito y eso obligará a una sanción. Lo lamentable, es que haya ocurrido con Sosa.
Ha sido difícil no sentir admiración por Sosa, quien viene de lo más profundo de la pobreza, pero empujado por un enorme corazón, alcanzó la cima a pura tenacidad y agallas.
De limpia-botas y lava-carros en su niñez, saltó a jugador de béisbol y luego a prospecto, desde donde se elevó al estrellato y se convirtió en la celebridad que ahora conocemos.
Sosa ha llegado ahí, a la cima, sin que nadie le regale nada. Se volvió un ejemplo para la legión de chavalos que intentan escapar de la pobreza en su país y todo el continente.
Sin embargo, ahora sale con corcho dentro de su bate, levantando incontables dudas.
Para mí Sosa usó ese bate en un acto de desesperación. Lleva sólo 6 jonrones, en un año de inicio discreto, en el que además, ha recibido un bolazo en la cabeza y se hizo una cirugía en un dedo.
La mirada del sonriente y simpático Sosa, ya no volverá a ser igual. Quedó marcado. Y sobre su excusa —confundió su bate, dice—, nadie espera que salga la presa para cargar su fusil. En este juego, se está a la expectativa.