Elmer Ramírez
Tenía que llegar la gota que rebalsara la olla de presión social y ambiental respecto al abandono en que la Alcaldía de Masaya tiene a la estratégica y bella laguna de Masaya.
Éste no es un problema que nació recientemente, sino treinta años atrás, pero es por la negligencia del actual edil y su gobierno municipal que se incrementan los focos de contaminación que anegan y lesionan la vida de este recurso acuífero, tan vital para la región del Pacífico.
Revertir la contaminación es el meollo del problema y a pesar del proyecto de saneamiento que significa 23 millones de dólares, lo primordial es trabajar con honradez y conciencia nacional, pues este manto de agua dulce no requiere de partidismos ni de propagandas personalistas.
La ciudad, los medios de comunicación, el Ministerio de Educación, todos los agentes sociales y económicos y la sociedad civil, tendrán que hilvanar fino para no dejar perder ni los millones ni la laguna.
Nicaragua es líder centroamericano en reservas de agua dulce, pero no puede seguir dándose el lujo de perder, contaminar o abandonar lo que es parte de la vida misma, del entorno.
Diez años es la duración del proyecto de saneamiento. Unamos vigores dispersos y tendremos los masayas y la nación entera el orgullo de gritar a los cuatro vientos que cuando se unen criterios patrióticos se obtienen resultados importantes.