- Dos casos en Panamá han llamado la atención
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
Miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), grupo paramilitar de extrema derecha e integrantes de un brazo menor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), grupo insurgente, están utilizando Centroamérica como escenario para la entrega de cargamentos de cocaína y heroína a cambio de armas y municiones, según un análisis de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA).
El análisis, titulado “Narco-terrorismo: tráfico internacional de drogas y terrorismo, una mezcla peligrosa”, fue dado a conocer por Steven W. Casteel, experto de la DEA en el área de inteligencia, ante el Comité Judicial del Senado de los Estados Unidos, el pasado 20 de mayo.
“Se han dado numerosos ejemplos de intercambios de drogas por armas que han ocurrido en la región, particularmente en Centroamérica”, advirtió Casteel.
La preocupación está basada en reportes de la DEA sobre el tráfico de drogas llevado a cabo por miembros de las AUC y las FARC en Centroamérica, así como en el testimonio de un oficial del gobierno de México sobre las actividades de los mismos grupos en ese país fronterizo con Estados Unidos.
Una prueba de tales transacciones, indicó Casteel, es el desmantelamiento de una red internacional para el tráfico de armas y drogas vinculada con las AUC, por medio de la “Operación Terror Blanco”, la que fue llevada a cabo en noviembre del año pasado. El especialista informó que continúan colaborando con los gobiernos de la región para poner fin a tales actividades.
LOS RIESGOS DEL NARCOTERRORISMO
Dos casos ocurridos en Panamá han llamado poderosamente la atención a las autoridades de la DEA. El primero de ellos, se dio el 22 de julio de 2002, cuando después del decomiso de 10 kilos de heroína, información de inteligencia reveló que había más droga localizada en una casa de playa de una de las personas arrestadas. La Policía retornó a la casa de playa, explicó Casteel, localizando seis kilos más de heroína, 300 kilos de cocaína y 260 kilos de marihuana. También descubrieron 139 AK-47, 11 rifles de francotirador “Dragonov” —de origen ruso—, 1 Fal 7.62 y un arma automática calibre 2.45; así como municiones para este tipo de armamento.
El segundo caso se produjo el seis de noviembre de 2002, cuando a un grupo de narcotraficantes se le decomisó 316 kilos de cocaína, 57 paquetes, 410 comprimidos y 1,134 pequeños cilindros con heroína. Además, la Policía descubrió un escondrijo para almacenar AK-47 y otras armas y municiones pequeñas; dentro de una camioneta abandonada que los sospechosos habían rentado.
“Estos decomisos, como muchos otros en Panamá, sugieren una significativa operación de drogas orquestada por los grupos paramilitares de Colombia que, simultáneamente, fue acompañada por un significativo trasiego de armas”, valoró Casteel.
El análisis de la DEA hizo hincapié en los vínculos, cada vez más evidentes alrededor del mundo, entre grupos terroristas y narcotraficantes, lo que ha generado una honda preocupación en EE.UU. a raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001.