- Imponente reptil, el depredador más grande de Sudamérica, está entre las especies con mayor peligro de extinción en el mundo
Reuters
CAXO GUARITICO, VENEZUELA.- Parecen sorprendidos a juzgar por la expresión de sus caras, con sus largas bocas y ojos bien abiertos. Pero lo que en verdad están haciendo es adaptarse a una condición desconocida: la libertad.
Al borde del río, docenas de caimanes del Orinoco —en peligro de extinción— abren sus mandíbulas para regular su temperatura corporal y fijan su amarillenta mirada en la amplia naturaleza, que será su hogar luego de pasar el primer año de sus vidas en cautiverio.
Estos “Crocodylus intermedius”, una especie que en el pasado se extendía por la cuenca del Orinoco entre Colombia y Venezuela, nacieron y fueron criados en cautiverio, en el marco de un programa privado-estatal que en poco más de una década ha liberado unos 3,400 ejemplares de varios criaderos.
Nadie sabe a ciencia cierta cuál es la cantidad actual de estas bestias que pueden llegar a medir unos majestuosos seis metros de longitud. Pero no pocos luchan por hacer crecer su población, diezmada por la comercialización irracional de sus pieles en tres décadas del siglo pasado.
El naturalista alemán Alexander von Humboldt escribió a principios del siglo XIX que la especie era muy abundante, aunque su cacería ya era intensa. Hoy en día hay poblaciones pequeñas y aisladas que viven en hábitats marginales.
Algunos “caimanólogos” reportan que entre 1930 y 1950 el aligátor se extinguió. A mediados de la década de 1930 la cacería era tal que se vendían entre 3,000 y 4,000 pieles al día sólo en San Fernando de Apure, a 400 kilómetros al suroeste de Caracas.
LA DURA INFANCIA DE LOS CAIMANES
Pero no solamente la vanidad humana juega en contra de esta especie, ya que requieren de alrededor de dos lustros para hacerse reproductivos desde que son liberados con una longitud de un metro, y sólo ponen huevos una vez al año. Además, en condiciones naturales pocos neonatos llegan a la adultez.
“La mortalidad de un caimán del Orinoco puede superar el 80 por ciento de los nacidos. En cambio, con la cría en cautiverio se logra mayor sobrevivencia porque se cuida de los nacidos y se les libera cuando son menos proclives a ser depredados”, dijo José Ayarzaguena, director de la Estación Biológica Hato El Frío, uno de los cuatro zoocriaderos que hay en el país.
Este biólogo vasco dijo que hay autores que calculan que la población de caimanes pudo haber sido en algún momento del pasado de hasta tres o cuatro millones de ejemplares y que un millón y medio fue exterminado en el siglo XX para convertirse en cinturones, correas y zapatos de lujo.
El 22 de mayo, el Día Internacional de la Biodiversidad, más de 130 caimanes del Orinoco fueron liberados en el caño Guaritico, en un hato ubicado en los calientes llanos de Apure, a unos 600 kilómetros al suroeste de la capital venezolana. Se prevé llevar la cifra a unos 400 hasta fines de 2003.
Los animales fueron criados en El Frío, anclado en una enorme hacienda privada que es una rica reserva de fauna silvestre, y en la Agropecuaria Puerto Miranda, que aportó 98 caimanes para esta última liberación.
El programa de conservación del caimán comenzó en la década de 1970 por iniciativa del sector privado con apoyo gubernamental.
Pero a pesar de los esfuerzos por criar e insertar a los caimanes en el medio natural, pocos logran sobrevivir en el río, en el que deben sortear a sus depredadores naturales y al hombre, que aún lo caza.
“Yo calculo que (del total) vivirá algo así como un 20 por ciento. Sin embargo, es difícil saberlo con certeza porque cuando uno hace estudios de recaptura sólo cuenta el animal que está observando, pero muchos se dispersan e incursionan al hábitat donde el investigador no tiene acceso”, dijo Carlos Chávez, un guardafauna que monitorea estos animales.
ANIMAL EXTINGUIDO EN COLOMBIA
Las únicas poblaciones del Crocodylus existen actualmente en Venezuela, “pues en Colombia se puede considerar casi extinta pues solamente quedan poblaciones muy pequeñas”, dijo el día de la liberación, Mirna Quero, directora general de diversidad biológica y fauna del Ministerio del Ambiente.
Venezuela aspira a lograr que el programa para salvar a estos caimanes pueda hacerse con el apoyo de Colombia.
“Nosotros propusimos que tanto el esfuerzo que hacemos en la recuperación de la tortuga Arrau y del caimán del Orinoco, se convierta en un programa binacional”, dijo la ministra del Ambiente, Ana Elisa Osorio, tras liberar varios ejemplares.
Pero los caimanes no sólo son orgullo de la ciencia.
“Esta liberación significa la esperanza que tenemos todos los llaneros de que la fauna silvestre se mantenga y perdure”, dijo Pedro Miguel Azuaje, de la Agropecuaria Puerto Miranda.
Mientras tanto, “Joselo”, muy lejos de un amplio río pasa su vejez en El Frío, a donde llegó en 1977 tras ser capturado de bebé por unos campesinos que lo criaron por 20 años.
Casi sin dientes y con el hocico partido, la emblemática bestia de casi cinco metros reposa junto con dos hembras, observando pausadamente a los investigadores que siguen tratando de descubrir los secretos de la vida de los caimanes.