Marlon Navarrete Espinoza
La madre es el reflejo del sacrificio convertido en amor. Una madre siempre lleva la mayor cuota de entrega en el hogar para mantenerlo vivo y estable. Sin la madre el hogar colapsa y fácilmente se desintegra.
Las virtudes de una mujer son enaltecidas por su maternidad y la fortuna de un hijo es tener a su mamá. La existencia de la madre perfuma al mundo, con su respiro vuela la soledad, su ternura seca las lágrimas, adormece la tristeza y hace huir al sufrimiento con su consuelo. Con su apoyo apacigua la desesperación, mientras en sus brazos descansa la seguridad de su amor. Aunque en sus manos laboriosas se labra su futuro con el peso de sus penas, siempre en ellas hay una caricia que revive la felicidad.
La madre es la centinela que cuida y vigila el sueño de sus retoños y desafía valientemente cualquier peligro que los aceche. El universo está en deuda con la mamá, la mujer que nunca muere y nunca se olvida. La madre que siempre mira cautivante desde el cielo o la tierra. Dios así lo quiso.