Luis Alemán [email protected]
“Mamá, mamita ayudaaaaameee”, fueron las últimas palabras llenas de angustia que pronunció la niña Adelaida Margarita Amador Vivas, de tres años, cuando era arrastrada por una fuerte corriente que la arrancó de los brazos de su madre, la noche del pasado domingo, cuando sobre Managua caía una fuerte lluvia.
Adelaida vivía en Las Brisas, Managua, del Distrito Dos de Policía, cinco cuadras abajo. Ayer fue sepultada en horas de la tarde en la ciudad de Chinandega, en medio del dolor y la consternación de sus padres, familiares y amiguitos.
La pequeña murió en sala de emergencias del Hospital Bautista, hasta donde fue llevada por su padre Álvaro Amador, poco después de ser rescatada de entre trozos de árboles y piedras, arrastrados por una corriente que inundó la calle que cruza el costado sur del edificio central de la Policía Nacional, en Plaza El Sol, Managua.
Adelaida acompañaba a su madre y dos amigas más que regresaban de comprar en un centro de comercio, cuando el carro en que viajaba quedó atrapado por la fuerte corriente que poco a poco comenzó a arrastrar al auto.
Llenas de angustia, las ocupantes del vehículo comenzaron a pedir auxilio, pero el ruido provocado por la corriente y la lluvia que a esa hora caía, hacían inaudibles sus gritos.
Presa por el temor de ser arrastradas con todo y auto, Margarita Vivas decidió salir del vehículo, tomó a su hija y la aferró a su pecho, pero la fuerza de la corriente las botó. Madre e hija fueron arrastradas varios metros.
Los cuerpos de ambas golpearon contra las llantas de una camioneta que estaba atrapada por la corriente. Del golpe, la niña se soltó de los brazos de su madre, quien al no sentirla en sus brazos, creyó que alguien les había ayudado. Pero no fue así, la pequeña fue arrastrada hasta quedar atrapada por el lodo.