Un soldado surcoreano patrulla un sector de la Zona Desmilitarizada (DMZ en inglés) entre Corea del Norte y Corea del Sur. La DMZ es el área con la mayor concentración de tropas y armas en todo el mundo.

Norcorea en la mira

La posesión de armas nucleares por Corea del Norte, las consecuencias para sus aliados en el noreste asiático y la cercanía de China, impulsan a Washington a encarar por medios diplomáticos la actual crisis nuclear Alberto L. Alemá[email protected] SEGUNDA DE DOS PARTES El anuncio de que Corea del Norte enriquecía uranio para su programa nuclear […]

  • La posesión de armas nucleares por Corea del Norte, las consecuencias para sus aliados en el noreste asiático y la cercanía de China, impulsan a Washington a encarar por medios
    diplomáticos la actual crisis nuclear

Alberto L. Alemá[email protected]

SEGUNDA DE DOS PARTES

El anuncio de que Corea del Norte enriquecía uranio para su programa nuclear y la guerra en Irak, volvieron a centrar la atención mundial en la lejana península asiática. Muchos se preguntan: ¿Es Norcorea el próximo blanco de Estados Unidos?

El régimen de Pyonyang es un viejo enemigo de Washington, que ha puesto al pequeño país comunista (uno de los últimos en el mundo) en lo que el presidente George W. Bush llama “el eje del mal”.

El nada envidiable trío lo conformaban hasta hace muy poco Irak, Irán y Norcorea. A sus miembros se les atribuye el desarrollo de armas de destrucción masiva y lazos con terroristas. Con la muerte del régimen de Saddam Hussein y el dominio norteamericano en Irak, el mencionado eje se ha reducido a dos países.

Por si fuera poco, junto a Irán, Irak, Siria, Cuba, Libia y Sudán, el país asiático forma la lista negra de Estados patrocinadores del terrorismo, según un reporte del Departamento de Estado de EE.UU.

Si bien Pyonyang no ha patrocinado un acto terrorista desde 1987, de acuerdo con el reporte “Patterns of Terrorism 2002”, se han registrado ventas de armas a grupos terroristas y de misiles a países hostiles hacia Washington.

Pyongyang “es una amenaza para la estabilidad global” y “una espina en el camino de la paz”, afirmó a finales de abril pasado el jefe de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur, un día antes de que se iniciaran las conversaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte en Pekín.

El general Leon LaPorte, comandante de los 37,000 soldados estadounidenses estacionados en Corea del Sur, destacó que la comunista Corea del Norte, a pesar de su maltrecha economía, mantiene un programa activo de armas nucleares, prolifera con su tecnología de misiles, posee un gran ejército convencional y el mayor número de fuerzas especiales en el mundo.

Al contrario de Saddam, a quien se acusó de fabricar y esconder armas biológicas y químicas —armas que aún no aparecen en Irak— y de ser una amenaza para la seguridad mundial, Norcorea sí dispone de armas atómicas.

Pyonyang tuvo un activo programa nuclear hasta mediados de los años 90; aparentemente, lo continuó en secreto hasta hoy, y hay estimaciones de que el régimen posee un número limitado de bombas atómicas.

Durante las conversaciones en Pekín, en abril pasado, un funcionario norcoreano admitió a sus interlocutores que su país poseía estas armas. Washington lo minimizó.

“Ellos dijeron lo que nosotros siempre supimos, que ellos sí tienen armas (nucleares). Eso no nos impresiona. Lo hemos estado diciendo”, dijo una fuente del gobierno de Bush a la agencia Reuters.

El Estado comunista tiene también los medios para asestar un golpe nuclear: misiles de corto y mediano alcance del tipo Scud (de origen soviético, mejorados) que pueden impactar blancos en Japón y Surcorea. Una conflagración representaría pérdidas humanas y daños incalculables a estos países, dos importantes economías mundiales.

Aquí entra en juego otro tópico importante para Washington en esta crisis: la no proliferación nuclear y de misiles capaces de transportar ojivas atómicas. Para EE.UU. Norcorea es el mayor exportador mundial de misiles, siendo importantes clientes Pakistán, Siria y Libia.

LA MÁS RECIENTE CRISIS

La presente crisis por los programas nucleares de Corea del Norte surgió en octubre de 2002, cuando Washington informó que Pyongyang había admitido la existencia de un programa para enriquecer uranio destinado a la fabricación de armas nucleares.

Norcorea había supuestamente renunciado a desarrollar estas armas en un compromiso bilateral con Surcorea, y en un acuerdo con Estados Unidos que le garantizaba combustible y ayuda económica a cambio de dejar sus ambiciones nucleares.

En recientes encuentros con Bush, el presidente surcoreano Roh Moo-hyun, y el premier japonés Junichiro Koizumi declararon junto a EE.UU. que no permitirán el desarrollo de un programa nuclear surcoreano.

“No toleraremos armas nucleares en Corea del Norte”, dijo Bush, citado por la agencia AP. “No cederemos al chantaje. No aceptaremos menos que la eliminación del programa de armas nucleares norcoreano de manera completa, verificable e irreversible”.

PYONGYANG DISPUESTA A ACEPTAR A SEÚL Y A TOKIO

Corea del Norte anunció ayer estar dispuesta a aceptar la petición estadounidense de incluir a Japón y a Corea del Sur en las conversaciones multilaterales para solucionar la crisis nuclear, siempre que Washington y Pyongyang mantengan antes un encuentro bilateral.

-En un comunicado, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores norcoreano reiteró una vez más que la crisis nuclear había surgido como consecuencia de la “política hostil” de EE.UU. hacia Corea del Norte, y por lo tanto quedaban varios asuntos bilaterales que resolver.

-“Dado que hay asuntos que deben ser tratados de forma bilateral entre EE.UU. y Corea del Norte, las dos partes necesitan sentarse cara a cara para una discusión franca acerca de las políticas de cada uno. Sólo entonces será posible tener conversaciones multilaterales y hacerlas fructíferas”, añadió el portavoz.

-“Ésta es la postura de Corea del Norte: las conversaciones entre Washington y Pyongyang deben celebrarse primero, y quizás luego sean seguidas de las discusiones multilaterales propuestas por EE.UU.”, afirmó. (EFE)

CONFLICTO SERÍA CATASTRÓFICO

EE.UU. ha tomado el camino de una solución diplomática y favorece un enfoque multilateral regional (no a través de la ONU), que involucra a los vecinos Japón y Surcorea (dos de las más grandes economías mundiales), por los incalculables efectos humanos y materiales sobre estos aliados en caso de un conflicto. La iniciativa de Washington trata de atraer a China, como el padrino político y un importante socio comercial de Norcorea, en calidad de garante de un acuerdo.

UNA AMPLIA ESTRATEGIA

La enemistad entre Pyonyang y Washington es de vieja data, y proviene de la época de la Guerra de Corea (1950-1953).

A pesar del interés inmediato de resolver la presente crisis nuclear, el cambio del régimen presidido por Kim Jong Il, en Corea del Norte, es un objetivo estratégico de EE.UU. a mediano o largo plazo. Y este aspecto cobró más relevancia tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 (9/11).

Esta idea ha sido expresada por académicos que nutren a la Administración republicana desde diversos “think tanks” del establishment washingtoniano.

“Cambio de régimen” es un concepto defendido por los “halcones” de la Administración, como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld , su subsecretario Paul Wolfowitz, el subsecretario de Estado para Control de Armamentos John Bolton, y otros prominentes, todos ellos integrantes del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, un grupo de influyentes personalidades que propusieron un amplio programa de acción con un gran objetivo: consolidar la posición de su país como la única superpotencia mundial.

Y el camino hacia la realización de ese magno propósito pasa por acabar con el “eje del mal” y los “estados bribones”, en su totalidad regímenes tercermundistas opuestos a Washington.

El analista John Feffer, experto independiente en temas coreanos, dijo a LA PRENSA que hoy más que nunca EE.UU. está dispuesto a intervenir unilateralmente en los conflictos que involucren sus intereses vitales.

“Desde el punto de vista de la Administración, el 9/11 cambió la geopolítica de un modo tan completo, que los EE.UU. deben tratar con todos los conflictos de verdadera importancia”, escribió Feffer a LA PRENSA por e-mail. “En otras palabras, se permitirá a la ONU solucionar conflictos que no involucran intereses estadounidenses —en Africa o en Sri Lanka, por ejemplo—, pero no en las áreas estratégicas del mundo”.

Para Feffer, es comprensible que Norcorea prefiera un arreglo directo de esta confrontación con EE.UU.

“Desea una garantía de no-agresión de EE.UU. y algunos incentivos para terminar sus programas nucleares y de misiles. Tras la guerra en Irak, mira a la ONU más como una organización inefectiva que desprestigiada”, subraya Feffer.  

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