Ante la ola de desempleo, pobreza y hambre, el pueblo caraceño pasó por alto el Primero de Mayo y prefirió salir a ganarse el pan de cada día.

Caraceños trabajaron este Primero de Mayo

A diferencia de otros años, los comerciantes locales laboraron normalmente durante el “Día Internacional de los Trabajadores” Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ CARAZO. María del Carmen González, originaria de Masaya, ajena a la celebración del “Día Internacional de los Trabajadores”, como todos los días ofrecía sus frutas en el mercado de Jinotepe, al igual que la mayoría […]

  • A diferencia de otros años, los
    comerciantes locales laboraron
    normalmente durante el “Día
    Internacional de los Trabajadores”

Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ CARAZO.

María del Carmen González, originaria de Masaya, ajena a la celebración del “Día Internacional de los Trabajadores”, como todos los días ofrecía sus frutas en el mercado de Jinotepe, al igual que la mayoría de mercaderes, para ganarse la vida, pues el desempleo, la situación económica y las deudas no dieron tregua para tomar un descanso este Primero de Mayo.

Dora Díaz, quien vende electrodomésticos en ese mismo centro de comercio, dijo que aunque las ventas estén bajas, no se puede perder la oportunidad de recoger aunque sea para dar los abonos a las casas de préstamo. “Aquí todos debemos, y diario hay que pagar”, dijo la mujer, tras señalar que este día sólo es para los que sí tienen un empleo fijo.

En Carazo, el movimiento comercial se mantuvo igual en todos centros de compras y hasta los trabajadores de las alcaldías aprovecharon para cobrar los impuestos a los comerciantes, desairando la fecha que conmemora el derecho laboral y las reivindicaciones de los obreros.

PROFESIONALES DESMPLEADOS

Igual actitud tomaron los empresarios dueños de supermercados fuertes y almacenes de abarrotes, quienes pasaron por alto este día y a diferencia de años anteriores, el comercio careceño ignoró esta celebración.

Mario Matute, administrador de empresas, pero que actualmente se dedica a vender frutas en el mercado, dijo que este fenómeno puede ser una reacción del pueblo por el desempleo que está afectando a gran parte de la población.

Matute, quien hace cinco años perdió su empleo, se encontraba acompañado de su esposa Aura Mejía, una ingeniera, quien dejó su empleo por el bajo salario que devengaba, y mejor decidió apoyar a su marido en la venta de frutas.

Este matrimonio como muchos en Carazo optaron por el comercio informal para poder llevar el sustento diario a su hogar.

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